Comenzando la escuela
Los niños empiezan primer grado. Cómo ayudarlos a transitar esta nueva etapa de la mejor manera.
Comienzan las clases y para los niños que inician el primer grado este hito vital no pasa inadvertido. Tampoco para sus padres, quienes otorgan a dicho acontecimiento un significado muy especial, por lo que se generan ilusiones, euforias, ansiedades y temores por la gran carga de expectativas depositadas en la escolarización de sus hijos.
Son sobre todo los papás quienes manifiestan mayor grado de ansiedad, la que suele traducirse en preguntas tales como: “¿Habré elegido bien el colegio?”, “¿cómo serán los maestros?”, “¿el nene se hará de amigos?”, “¿cómo será su desempeño?”.
La escuela es un gran organizador simbólico, porque es el lugar en el cual se redefine la relación del sujeto con la sociedad y la integración a la misma, donde se articula un colectivo que constituye una subjetividad diferente, a la manera fraterna sobre todo (un colectivo social donde se arma la relación internares), y donde se generan por primera vez metas que no están marcadas por el entorno primario del sujeto.
Los niños han sido históricamente los depositarios de los sueños fallidos de los adultos, se espera de ellos todo lo que quedó pendiente en las generaciones anteriores. Con matices según lo que se considere relevante en cada caso, si la escuela es pública o privada y según el nivel sociocultural de cada familia, el común denominador como expectativa es que los niños vivan en un futuro mejor que sus padres.
Es el jardín de infantes el primer lugar donde los chicos se institucionalizan y es una importante experiencia de socialización y de elaboración psíquica en cuanto a la primera separación de la familia y a la inserción en grupo de pares. La obligatoriedad de las salas de 4 y 5 años propicia una mejor preparación para la vida escolar futura donde se sientan las bases para las posteriores experiencias de escolaridad.
En este debut en primer grado, las actitudes de los papás dependerán de sus características personales y de sus experiencias previas en la escuela y si el hijo es el primero o el cuarto. En términos generales, por un lado está la ansiedad generada por ver crecer a sus hijos y, por otro, la alegría por los nuevos aprendizajes que van a incorporar. Nos encontramos con padres que predominantemente toman todo con naturalidad y enseñan a sus hijos a vivir las distintas etapas con alegría, los ansiosos que preparan todo con mucha anticipación y aquellos a los que les cuesta separarse de los hijos.
En numerosos casos, la angustia paterna se basa en que sienten que en la escuela se van a poner a prueba sus teorías de crianza. Los padres más narcisistas temen que la escuela le muestre errores en los hijos y, por ende, en ellos mismos.
Al aproximarse el comienzo del ciclo lectivo, los niños pueden manifestar ansiedad ante lo nuevo: conocer o reencontrarse con sus compañeros de clase, conocer a la maestra, sentir angustia por separarse de mamá. Cada uno expresará estos sentimientos como pueda y según cómo vayan transitando esta complejidad emocional.
En estos primeros días, es normal que se manifiesten más excitables, con ciertas dificultades para conciliar el sueño o más inquietos. Esto es parte de una adaptación normal al cambio de rutina, puede durar hasta unos días posteriores al inicio de las clases y suele desaparecer si hay buena comunicación y la posibilidad de expresar verbalmente estos sentimientos. Si se extienden en el tiempo, es necesario identificar estas señales para así evitar posibles trastornos emocionales que pueden desencadenar problemas de conducta, tristeza, depresión.
Se recomienda consultar a un profesional matriculado si se observa que perduran algunos de estos síntomas:
–Irritabilidad.
–Cambios en hábitos alimentarios.
–Somnolencia.
–Apego exagerado.
–Tristeza.

