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Brindar en el hospital

Entrevista a Agustín Cuevas. Los sábados es jefe de Guardia en el Hospital de Urgencias. Afirma que ama su profesión y que no le disgusta pasar allí esas noches especiales.

19 de diciembre de 2016 a las 12:11 a. m.
Redacción La Voz
Brindar en el hospital
En la zona caliente. Como todos los sábados, el 24 y el 31 estará al frente de la guardia del Hospital de Urgencias. (Foto: Ramiro Pereyra)

Agustín Cuevas tiene 38 años, es médico y tiene dos especialidades: Cirugía General y Emergentología. Ambas formaciones están asociadas con un trabajo que requiere acompañar a pulso los momentos más álgidos de un establecimiento de salud: los sábados es jefe de Guardia en el Hospital de Urgencias de la Ciudad de Córdoba.

Este año, las celebraciones familiares y sociales más importantes de buena parte de la comunidad –la Nochebuena y Navidad y el Año Nuevo– coincidirán con sus días de actividad, por lo que nuevamente estará en la zona caliente en días sensibles.

“Ya he pasado una fiesta en el Hospital de Urgencias, cuando estaba de guardia los martes”, recuerda. Y, en base a esa experiencia y a otras que le tocó vivir cuando era residente, asevera: “Pasar las fiestas en el hospital no es algo que me disguste”.

“Somos bastante amigos todos, médicos, enfermeros, especialistas en diagnóstico por imágenes, personal de laboratorio, somos un grupo grande de profesionales que trabajamos muchas horas al día todo el año”, cuenta. “Entonces, pasar las fiestas con ellos, y en una actividad que a uno le gusta, más el hecho de que siempre en algún momento del día pasa la familia por el hospital a visitarnos, hace que cueste menos”, describe.

Apunta que el personal que trabaja ese día, además de rotar para descansar y comer, también tiene oportunidad de brindar en grupo.

Cuevas dice que la actividad más intensa se produce antes o después de la hora habitual de festejo y cuenta que los pacientes que están internados, así como sus familiares, también tienen otra disposición, lo que es ayudado además por sutiles cambios en la actividad del lugar, como la elaboración de un menú diferente, algo que se repite, en general, en todas las fechas especiales del año.

Los ingresos a guardias de hospitales públicos se dividen en forma bastante clara durante las fiestas: los heridos por pirotecnia –que este año, por las prohibiciones, se espera que sean menos– llegan al Instituto del Quemado; los niños son conducidos al Hospital de Niños o al Infantil y las embarazadas en trabajo de parto a las maternidades nacional y provincial.

Aunque algunas de esas emergencias puedan eventualmente terminar en el de Urgencias, allí las causas más habituales de ingreso son los politraumatismos por accidente y por violencia ciudadana. El consumo excesivo de alcohol alienta ambas circunstancias. El verano y el receso ­también son factores que propician la ingesta no controlada de esta y de otras sustancias, recuerda Cuevas.

Recuerdos

Uno de los recuerdos de Cuevas en relación con la atención durante las fiestas de fin de año está vinculado a la violencia ciudadana. En una de esas noches, pocos minutos después de las 12, se registró un tiroteo en un barrio de la periferia de la ciudad y llegaron al hospital tres heridos, dos de los cuales debieron ser operados en orden a su gravedad, mientras que el tercero tenía lesiones de menor complejidad y no fue intervenido.

Esas anécdotas lo motivan a recomendar a la población “tratar de pasar las fiestas de la manera más tranquila posible. En paz, armonía”. “Disfrutarlo con la familia, los amigos o en los lugares de trabajo, cuando esto es necesario”, matiza. Y recalca: “El alcohol y la droga van de la mano de accidentes y violencia ciudadana”.

Cuevas tiene dos hijas: la mayor, de 3 años y medio; y la más pequeña, de 1 año y medio. Consultado sobre si hay emociones negativas durante el momento de la guardia, sobre todo por la distancia con los hijos, admite que “siempre hay un momento en el que uno extraña, por eso es importante cuando se acerca la familia”. Sin embargo, la mirada positiva parece imponerse: “Pero uno simplemente sabe que la guardia termina en un momento. A las 8 de la mañana, la guardia terminó y uno vuelve a casa”, resume.

“Además, esto uno lo hace también por el futuro de los hijos”, continúa.

“A mí me gusta mucho lo que hago. Amo mi trabajo, la cirugía. También trabajo en el hospital Rawson, donde hago otro tipo de cirugías. Es lo que más me gusta y lo que quiero hacer, por lo que me he formado”, describe el jefe de Guardia.

Las noches del 24 y del 31 son especiales, pero no las únicas o las más especiales, cuenta. “Hay días muy intensos, por ejemplo, cuando uno hace una cirugía complicada. Es decir: todos los días pueden ser especiales en este trabajo”, subraya.

El médico precisa que, habitualmente, el promedio de ingresos a la guardia oscila entre 20 y 30 personas y que la mayoría llega después de las 6. Afirma que en las noches como Navidad o Año Nuevo, esa cifra se reduce, pero que “los casos suelen ser más ­graves”.

Pasión

Cuando se le pregunta si conserva la pasión de los 20 años por su profesión y si cree que mantendrá ese sentimiento por el resto de los años que ejerza su actividad, también es positivo. “Sí, yo –insiste– hago lo que me gusta. Para estar trabajando en el Hospital de Urgencias, dedicarse a la emergentología, a la cirugía de trauma, te tiene que gustar. No hay otra vuelta”.

“Y si no te gusta, te tenés que buscar otra ocupación”, concluye el médico.