Ya no se trata de objetos caros: este es el nuevo lujo
Viajes a islas remotas donde los peces nadan bajo tu cama, tratamientos de belleza con sanguijuelas... El colmo de la opulencia ya no pasa por los objetos caros, sino por vivir experiencias únicas. En tiempos de aburrimiento existencial, todo es posible: hasta buscarse a uno mismo confundiendo el placer efímero con la identidad.
Una pareja se ve venir a lo lejos, él descalzo, ella sobre el camello, al mejor estilo Aladín. Van a ser protagonistas de una cena íntima y romántica en el desierto de Dubai, algo que les costará nada menos que 600 dólares. Porque de eso se trata el nuevo lujo: una experiencia tan frágil como auténtica, por la que podemos pagar una fortuna y comer en el piso, o vivir algo a lo que unos pocos tienen acceso.
Los objetos tienen hoy menos importancia, evolucionan los métodos de inversión y la tendencia del nuevo siglo −pertenecer en el nuevo siglo− es vivir una experiencia especialmente diseñada. Es decir, además de la vivencia en sí, existe lo que se denomina su packaging: gente pensando y armando un “viaje único e inolvidable” para que uno pague lo que haya que pagar por una experiencia “que no tiene precio”, por ejemplo, depositar miles de euros para pisar un pedazo de tierra virgen y dormir en una choza.

