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La soledad: ni tanto, ni tan poco

Entre el aislamiento y el silencio de un duelo, hay vínculos y matices por descubrir.

27 de abril de 2015 a las 05:45 p. m.
La soledad: ni tanto, ni tan poco

Buey solo, bien se lame”, asegura un famoso refrán popular, pretendiendo representar con esto que uno puede ser autosuficiente y no necesitar de los demás. Claro que otro refrán también afirma: “No aclares, que oscurece”. Y lo cierto es que los psicoanalistas desconfiamos de la veracidad de quien aclara demasiado las cosas, como por ejemplo cuando alguien tanto insiste en que no necesita a nadie más. Tal vez el pobre buey se las rebusque solo y con gran eficacia, pero eso no significa que no sufra debido a su excesiva soledad. Además… ¿quién quiere ser un buey.

La soledad ha sido y es, desde siempre, una gran fuente de angustia para quien la padece. Como seres sociales que somos, necesitamos de los otros desde el nacimiento. A diferencia de otras especies animales, que no bien nacen cuentan con más recursos para sobrevivir, los humanos requerimos de un otro especial (nuestra madre) desde el primer instante en este mundo. Llegamos desvalidos, y es gracias a los otros que subsistimos y que vamos incorporando la cultura.

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