Bares y restaurantes del interior: cómo les fue en las tres semanas que llevan reabiertos
Balances dispares, según los locales y las zonas. Empezó mejor y luego fue decayendo la actividad. En las áreas turísticas hay más quejas: sin visitantes, sobra oferta gastronómica.
En el interior provincial, los bares y restaurantes pudieron reabrir sus puertas hace tres semanas. Con muchos matices y dependiendo de cada establecimiento y de cada ciudad, en general la impresión dominante es que trabajaron aceptablemente en la primera semana y que luego decayó la actividad, sobre todo en restaurantes.
La impresión es algo diferente en zonas turísticas, donde el balance deja peores números: sin visitantes, la oferta en gastronomía supera largamente a la demanda propia de cada localidad. En esas zonas, es mayor el porcentaje de los que decidieron no reabrir, para evitar los gastos fijos, hasta que aparezca el turismo.
En términos de acatamiento de los protocolos sanitarios, en general se percibió un alto cumplimiento en restaurantes, algo menos en bares y hubo inconvenientes (sobre todo en distanciamiento social) en el rubro de los pubs nocturnos, que obligaron a varios municipios a definir clausuras y sanciones.

Zonas turísticas
Si algo pudieron comprobar los locales gastronómicos de Villa Carlos Paz en las últimas semanas es que para su subsistencia es fundamental el ingreso de turistas. Si bien manifestaron alivio al poder reabrir las puertas, los empresarios del sector marcan que el promedio de ventas está muy por debajo de lo esperado. Varios estimaron que no superan el 25 por ciento de lo habitual para esta época.
“Sabíamos que no iba a ser fácil pero queríamos abrir para que la gente se acostumbre a volver a salir”, explicó Marcos Bertorello, de la cadena de restaurantes Junior B en Villa Carlos Paz. “Está siendo un poco más difícil de lo que esperábamos. Está la crisis económica, el miedo al virus y que la gente entró en confort en sus hogares”, interpretó.
"El panorama es desolador", dispara Juan Pablo Casadey, del bar y restó Moe Moea, en el centro de Santa Rosa de Calamuchita. Desde que abrieron, las ventas apenas representan el 10 por ciento previo a la pandemia. El delivery (que llegó para quedarse, asegura), los mantuvo con un cinco por ciento y apenas duplicaron eso con la reapertura al público. "Lo sostenemos porque el local es propio; pagando alquiler sería inviable", afirmó. "Durante la mañana, se ocupan entre tres y cinco mesas de café; para almorzar, entre dos o tres, y aún menos para la cena", graficó. Para Casadey, gravita más la escasez de dinero que el temor al contagio del virus.
“Continuamos con muchos altibajos, estamos en un 15 por ciento respecto a esta fecha del año pasado. Hay miedo y falta plata. Recuperar será muy lento”, describió Diego Krittian, del resto-bar Potrerillo, en Villa General Belgrano. Según aseguró, con el movimiento actual pierde más dinero con el local abierto que cerrado, pero apostó a una mejora cuando se reabra la actividad turística.
Hernán Ciccone, de Zula, otro bar céntrico de Villa General Belgrano, marcó que el movimiento es parejo durante la semana y repunta algo entre sábados y domingos. “Pero estamos en el 20 o 30 por ciento respecto a la prepandemia”.

En el llano
Jesús María es una reconocida plaza de restaurantes. En la primera semana de reapertura, el movimiento de clientes fue aceptable. Pero luego decayó. Pese a las restricción de no ocupar más del 50 por ciento, muchos propietarios refirieron que ya venían de una retracción, de modo que la menor capacidad no impacta.
Pablo Souberan, propietario de dos bares céntricos, le tenía poca fe a la reapertura pero se sorprendió gratamente: “Había como una necesidad de salir, de juntarse en familia y con amigos, tomarse un café, compartir una picada. Lo notabas ni bien se sentaban. Creo que por eso los primeros 10 días fueron como en los mejores meses del año; luego bajó”.
“Empezó más alto y luego decayó algo. El movimiento va de medio para arriba. Lo mejor es que pudimos hacer felices a nuestros empleados que tenían una enorme necesidad de trabajar”, reseñó
Raúl Clérico, propietario de un bar: “Creo que la gente va a volver de a poco, sobre todo si seguimos sin casos, aunque en términos de negocio tenemos la mirada puesta recién en marzo del año próximo”, señaló Clérico.
En la ciudad de Pilar, Martín Capogrosi es dueño del resto-bar Un Tal Harrison. Según dijo, en los primeros días salió mucha gente, pero luego mermó. “En un año normal, sin pandemia y sin crisis económica, julio es el peor mes”, señaló. De todos modos, indicó que el nivel de ventas no es malo, para lo esperable. “Estamos en el 60 por ciento”, precisó.

