Una victoria y tres festejos
No sólo Ramón Mestre celebró la victoria. Nacionalizando la elección de la capital provincial, se sumó el candidato presidencial Mauricio Macri. De la Sota se deglutió en un día a dos enemigos: Juez y Riutort.
Los resultados de la elección del intendente de la ciudad de Córdoba dejan algunos datos muy esclarecedores, porque al podio de los que festejaron, en público y en privado, lo integran el ganador Ramón Mestre, duramente cuestionado en la campaña; Mauricio Macri, que vino a Córdoba a celebrar, por fin, un triunfo en una ciudad importante fuera de la Capital Federal, y también José Manuel de la Sota.
¿Qué tiene para celebrar el gobernador de Córdoba?
Festeja ruidosamente el plan que armó en los últimos tiempos: deglutirse en un solo día a sus dos principales enemigos de la política local; es decir, Juez y Riutort.
Independientemente del lugar que hayan logrado, Juez y Riutort armaron una alianza que se autodetonó y que fue fruto de improvisaciones y falta de trabajo común. Un compendio de buenas intenciones no funciona si no se tiene una estructura sólida.
Fue extraño que ambos dirigentes no midieran el impacto de esta reunión que se selló un mes antes de anunciar el pacto, porque se juramentaron no dar el mínimo indicio, ni siquiera a su entorno más íntimo.
Fracasaron, y el futuro se vuelve muy negro para los dos, en especial para Riutort, quien legalmente, en principio, no puede ser nuevamente concejala, ya que ocupó una banca en el cuerpo deliberativo de la ciudad durante dos períodos.
Juez, en tanto, pasó de ser casi gobernador en 2007 a senador nacional en 2009, cargo que podría haber renovado por obra y gracia del macrismo, con la anuencia de la UCR.
Sin embargo, él rechazó la última alternativa cuando tenía todo servido en bandeja y armó ese tándem frustrado con Riutort. Quiso ser intendente y el magro resultado apenas le da para ser concejal. Integrará un cuerpo severamente desprestigiado. Su misión será, con sus nuevos pares, rejerarquizarlo.
Por otro lado, Mestre compartió el palco ganador con Macri. Desbordaba felicidad, a pesar de que con el jefe de Gobierno porteño no lo une la mejor de las relaciones, tal vez porque el PRO había preferido a Juez como compañero de ruta antes que a él.
Pero números son números y, por interés recíproco, Mestre se debió asociar a Macri y su grupo de dirigentes. Por eso, Felipe Lábaque fue compañero de fórmula del intendente ahora reelegido.
Mestre sacaría en definitiva más puntos de los que se esperaba que obtuviera, según los estudios de investigación previos.
El porcentaje se ubicó en torno al 32,2 por ciento, apenas 3,5 por ciento menos que hace cuatro años.
De esto, surge un mensaje claro: la ciudadanía tiene una posición más que contradictorio. Cuestionó con severidad a la gestión mestrista, pero le ratificó la confianza en las urnas.
Aceptó el pedido del intendente que buscaba su reelección, quien en campaña pidió otros cuatro años para convertir a la capital de la provincia en una ciudad digna.
Hoy, la gran urbe está bastante maltrecha, por errores anteriores y muchos actuales.
Hubo profundización de inconvenientes y pocas soluciones. Pero la gente insistió en Mestre, más por falta de confianza en las alternativas que en la convicción de levantarle el pulgar a la actual gestión.
Juez perdió terreno y, de los votos que perdió, muchos fueron a parar a Tomás Méndez, el candidato antisistema que se plantó como la reacción a la política tradicional.
Anoche, sin ponerse colorado, dijo una mentira que no cabe en el estadio Kempes: que hace 14 años que viene desarrollando un trabajo social en los barrios.
Durante esos tiempos, animó un programa de televisión con pretensiones investigativas y terminó sospechado y acusado de serle funcional al poder. Primero atacó al delasotismo y luego, misteriosamente, se filtraron grabaciones en las que dialogaba con el gobernador y sus operadores de manera más que cordial.
La falta de alternativas confiables ratificó la confianza popular a Mestre, el primer intendente reelegido en Córdoba en 20 años, después de que lo fueran su padre, Ramón Bautista, y Rubén Martí.
Obviamente, estos son tiempos diferentes. La ciudad es otra y los desafíos, también. Mestre tiene hoy la posibilidad de concretar sus promesas y de convertirse en una opción de poder seria al peronismo en la provincia. Todo depende de él.
Si su próxima gestión es similar a la actual, le será difícil, pero la vida siempre otorga una segunda posibilidad.
Así lo creyeron los ciudadanos de la ciudad de Córdoba. La interna radical, no. Anoche, antes de festejar, los mestristas cruzaban con dureza a Oscar Aguad. Con estilo radical.

