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Una ceremonia constitucional, otra vez convertida en un acto partidario

La advertencia de que la oposición se retiraría en caso de agravios dio resultado. De las sesiones que he visto en ocho años, fue la más sobria, sin silbidos ni abucheos.

02 de marzo de 2014 a las 12:01 a. m.
Norma Morandini*
Una ceremonia constitucional, otra vez convertida en un acto partidario

Un Parlamento de un solo color político es antidemocrático por definición, es lo que me digo cada año cuando la Presidenta de la Nación inaugura el año legislativo y el recinto se vuelve un gran acto partidario, con cánticos de exaltación a su persona y desde las galerías, ocupadas por el oficialismo, caen papeles de propaganda que llegan a golpearnos. Una ceremonia constitucional a la que la liturgia oficialista ha ido vaciando de solemnidad. Sin embargo, este año, la advertencia de que la oposición iba a retirarse en caso de agravios dio sus resultados. De las sesiones de apertura que he vivido en ocho años, esta fue la más sobria dentro del recinto, sin silbidos ni abucheos. Más coloquial o chabacana que en otros años, repitió el mismo festival de números para probar el buen estado de la Nación, al punto de exaltar que somos "el país que bebe más gaseosas". Sin ninguna referencia a los problemas que vive el país, como la inflación. Redujo la protesta social a su represión y volvió a pedir "contralor" a la Justicia. Con menos pañuelos blancos que otros años, y el general Milani al lado de la fiscal Gils Carbó, elogió el acuerdo de YPF con Repsol y defendió la privatización de YPF porque fue beneficiosa para su provincia de Santa Cruz.Los aplausos más exaltados fueron para Venezuela, bajo la forma de la defensa de la democracia en la región. Sólo que la misma simplificación de reducir el sistema democrático al resultado electoral se expresa también en el recinto, donde como opositores cuesta no sentirse un convidado de piedra a un fiesta que debiera ser de la democracia y se convierte en un festejo sectario. Por mayoritaria que sea. Con tristeza constato que se cumplió totalmente mi vaticinio del día del debate de la Ley de Medios. Las cámaras de la televisión oficial monopolizan la filmación, construyen el relato televisivo en el que los opositores no existimos, a no ser que nos descubran con el dedo en la nariz o cabeceando de sueño tras tres horas de discurso.

*Senadora del Frente Cívico por Córdoba