Un giro en la agenda de la campaña electoral
Las propuestas de los candidatos comenzaron a tomar como eje la lucha contra el delito. Oficialismo y oposición bonaerenses miden estrategias.
Buenos Aires. Hace unos meses, los analistas políticos coincidían en que las elecciones de octubre girarían en torno deldebate de una eventual reforma constitucional para habilitar reelecciones presidenciales indefinidas. También apostaban a que el votante estaría muy condicionado por la discusión económica, sobre todo la suba del mínimo no imponible de Ganancias y la inflación. Pero a sólo siete semanas de las legislativas, al menos en la estratégica provincia de Buenos Aires, ese vasto y áspero territorio que tributa al padrón nacional casi 40 por ciento de los votantes, la seguridad pasó a ser el gran tema en las recorridas proselitistas en marcha.
El kirchnerismo y Daniel Scioli movieron sus primeras piezas al respecto. El primer candidato del Frente para la Victoria (FPV), el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, anunció que pedirá una baja en la edad de imputabilidad delictual. Y en sintonía, como una jugada pensada, el gobernador Scioli le entregó el ministerio de Seguridad a otro intendente, el de Ezeiza, hombre conocido por sus posturas duras respecto de la lucha contra el crimen. Sucedió en la misma semana en la que Scioli, en coordinación con el ministro de Seguridad nacional, Sergio Berni, reforzó el despliegue territorial de policías bonaerenses y de gendarmes en el Gran Buenos Aires.
El interés por la seguridad, hasta hace poco centro de tensión entre Scioli y la Casa Rosada y hoy un problema compartido, tiene que ver a todas luces con los resultados adversos de las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (Paso) de agosto. Pero también con lo que dictan encuestas recientes: la seguridad está al tope de los reclamos y preocupa a 70 por ciento de los habitantes del Gran Buenos Aires, que concentra a la mitad de los electores provinciales.
La propuesta de Insaurralde anticipó el debate parlamentario. Fue Luis Juez, desde otro distrito, el que salió a criticar la propuesta kirchnerista: “Está desesperado este pibe, dice cualquier gilada con tal de juntar un voto”, dijo el senador por Córdoba. “Hay que explicarle a Insaurralde que la gente no es tonta. ¿Sabrá qué significa la baja de imputabilidad?”, se preguntó Juez.
Carrera presidencial
Los resultados de octubre terminarán por configurar el escenario hacia la presidencial de 2015; una carrera ante la cual hoy, a micrófono abierto, todos los políticos repiten que "hablar de una candidatura presidencial es una inmoralidad", pero que en el off aparece mucho más cerca que los dos años que faltan.
El fulgurante jefe del Frente Renovador, Sergio Massa, intendente de Tigre, recolectó tres millones de votos en las Paso, quinientos mil más que sus –hasta hace poco– aliados kirchneristas. Massa aspira a ser diputado nacional, pero ya se mueve como un presidenciable. Días atrás estuvo en el Orfeo (lleno) hablándoles a los productores rurales de Crea. ¿Por qué tanta expectativa de los productores por escuchar al intendente de un distrito urbano de otra provincia que, se supone, sólo aspira a ocupar una de las 127 bancas parlamentarias en juego?
Con estos movimientos (que incluyeron una cordial charla con su par Ramón Mestre), más los tres millones de votos que planea repetir o aumentar en octubre, Massa puso en una incómoda situación a Mauricio Macri, un presidenciable que dejó pasar 2007 y 2011 por entender que no era la hora señalada.
“Macri sale a decir por los medios que tiene un acuerdo con Massa, que romperá pasado octubre, pero lo hace para intentar ganar protagonismo porque tomó conciencia de que quedó atrás en la carrera presidencial”, definió Fernando Galmarini, el exdiputado nacional menemista, suegro de Massa, a quien le coordina la campaña electoral.
Dentro del massismo creen que Macri tendrá poco para festejar el 27 de octubre a la noche. Le será imposible compartir el posible triunfo de Massa en la provincia, y las elecciones porteñas pintan, a causa de Unen, la alianza que encabezan Carrió, Pino Solanas, el socialismo y la UCR, más complicadas que lo imaginado a principios de año, cuando se especulaba con otra paliza electoral del PRO. En el resto del país, Macri tiene expectativas por un segundo puesto en Entre Ríos (De Angeli va de candidato a senador) y otro tanto con Del Sel en Santa Fe. Demasiado poco para una construcción presidencial.
Scioli y sus aspiraciones
Desde el sciolismo entienden que el presumible triunfo de Massa sólo será novedoso en octubre si le pega una paliza a Insaurralde, léase, más de diez puntos de diferencia. Algunas encuestas amplían esa distancia al 14 por ciento. “Pero la desventaja que le vemos a Massa es cómo continuará construyendo poder desde el Congreso, donde la experiencia indica que grandes promesas políticas pierden fuerza y quedan licuadas”.
Scioli, entretanto, para engordar su proyecto presidencial deberá digerir una derrota, siempre dura, en su territorio. “Pero luego tendrá dos años de gestión como plataforma, algo que extrañará Massa estando en Diputados”, explican.
Lo mismo para el Gobierno nacional: “Cristina Fernández tendrá un Congreso afín, y en lo gubernamental cuenta con instrumentos como para terminar en 2015 sin ninguna de las catástrofes anunciadas”, cierran.

