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Tu búnker me suena

Unos con cuarteto, otros con DJ, alguno con batucada en la calle. Qué eligieron los distintos partidos cordobeses para sus lugares de campaña.

28 de octubre de 2013 a las 12:01 a. m.
Tu búnker me suena
De todo un poco. Dentro y fuera del búnker del delasotismo hubo varias intervenciones y mucha música de cuarteto de principio a fin (Sergio Cejas/La Voz).

A  los políticos les pasa más o menos lo mismo que a los jugadores de fútbol: después de un gol, estos últimos parecen más esmerados por preparar los festejos para las cámaras que por saludar a sus propios compañeros de equipo.

En los búnkeres de los partidos que disputaron sus bancas por Córdoba se vivieron situaciones parecidas: todo estaba armado para las cámaras, para un gran show, para poner en sonrisas el resultado, cualquiera fuera: si hay algo que reconocerles a los políticos de cualquier color es que saben disfrazar de triunfo incluso cualquier derrota.

Otra cosa en común que tuvo la mayoría de las principales fuerzas es que intentaron hacer buenas migas: sándwiches (de miga, claro) para todos y todas se podían disfrutar entre más raleadas medialunas, algunas gaseosas, café al por mayor y bebidas sin alcohol. Hay que exceptuar a la UCR y al FIT: por un lado, hubo ausencia total de bebidas o comida en el búnker de la Casa Radical, que contrastó con las Paso: allí el catering había sido constante en el coqueto café Golden, a pocos metros de allí.

Por el otro, Art Decó se hizo otra diferencia: en el lugar elegido como búnker de Liliana Olivero no había nada preparado oficialmente, pero sí un servicio en el mostrador a cinco pesitos la empanada (muy sabrosa) y a $ 15 el carlitos. Fue el único lugar en el que se vendía cerveza de litro.

La música era otra cosa. La batucada interminable en lo del FIT, que ganó la esquina y la mitad de la calle Humberto Primo durante más de una hora (movidos por un móvil de El Doce, primero, para seguir muchos y rítmicos minutos después, cuando la banca de la candidata era casi un hecho), contrastó con el silencio en el coqueto Orfeo Suites donde el Frente Para la Victoria había preparado su zona de conferencias. La fiesta y la música para Carolina Scotto se mudaría a un local de avenida Colón al 800. El único sinónimo de fiesta en el búnker fue con los clásicos papelitos.

Si hay que hablar de coqueto búnker, no hay otro que esa especie de disco cheta que armó el PRO para “la Coneja” Baldassi (más que búnker, madriguera) en el cinco estrellas Interplaza, cerca de la plaza San Martín. Música ambiental para la previa, más fiestera para la llegada de los fiscales y el pos discursos de los candidatos. La línea que le pidieron al DJ, confiaron, era una mayoría de música nacional, que se pueda bailar... pero sin exagerar, para festejar entre globos coloridos y medianoche.

Mucho más bochinchero fue el armado en lo de Unión por Córdoba, los únicos que cortaron la calle con su escenario, que tenían animadores que relataban eufóricos “¡estamos ganando!”, y buena parte del público no espontáneo que usaba remeras verdes con la cara de Schiaretti (que sería difícil ver fuera de un contexto eleccionario) y portaba banderas.

Por el escenario y dentro del búnker pasaron los Playmóbil; también hubo show de luces, mientras el musicalizador elegía variedad de cuarteto. “Puede ser La Barra, Sabroso, La Mona, Damián Córdoba... ninguno en especial”, detallaba.

El cuarteto ganó la Casa Radical con unos modestos parlantes en la puerta y algunos adentro. La música pareció casi una lección evangelizadora de Jean Carlos cantando Córdoba, te quiero , utilizado por los radicales para la campaña. Eso igual no impedía algún clásico de La Barra o de Sabroso, con menor índice de repetición.

Fuera de los distintos búnkeres, la vida seguía su ritmo de siempre. A pasitos del Interplaza que eligió el PRO, los manteros ofrecían sus DVDs y discos piratas como de costumbre, o remeras y medias a bajísimo precio; afuera de la Casa Radical, el centro se movía como cualquier domingo; a una cuadra de General Paz 339 sólo se oían los bocinazos de quienes sufrían la avenida cortada sin saber muy bien que allí estaba De la Sota; a unos metros de Art Decó ocurría lo mismo con el Frente de Izquierda.

Los políticos, enamorados de sus propias palabras y de sus propias lecturas de la elección, les hablaban a los cordobeses desde sus búnkers. Pero lo hacían sólo para las cámaras. La vida seguía en otra parte.

¿Todos ganaron?

Pura alegría. Ni el Frente Cívico ni el Vecinalismo Independiente pudieron disfrazar el magro resultado, y en ambos casos terminó antes que después el trabajo en los búnkers. En todos los demás había gente festejando, fuera cual fuera el veredicto de los comicios. ¿No se puede mostrar algo que no sea triunfalista?

Con muy poca calle

Unión por Córdoba fue el único que eligió la calle para armar su escenario. Pero durante una hora los seguidores del FIT disfrutaban en la esquina de Art Decó, sobre Humberto Primero. El resto fue en lugares cerrados.