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Tan mala como el glifosato, es la hipocresía

Siempre que sesionó para torpedear al agro, el Consejo Superior lo hizo con la escenografía provista por esos ambientalistas, muy útil para la cúpula de la UNC a la hora de brindar una imagen “popular”.

23 de octubre de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Tan mala como el glifosato, es la hipocresía

El rector de la Casa de Trejo, Francisco Tamarit, se mostró ayer indignado por el apriete de un grupito que incluía encapuchados que, invocando ambientalismo, frustró la sesión en que iba a formalizarse la derogación de un convenio entre la Facultad de Ciencias Agropecuarias y la campeona de los más malos de todos los tiempos: Monsanto. "Se presentaron con palos, picanas eléctricas de ganado y sustancias químicas, demandando las cosas más absurdas", dijo ayer a las radios que lo entrevistaron. Curiosa, la sorpresa. La decisión de anticipar la baja del convenio la habían tomado Tamarit y una mayoría de decanos un rato antes, precisamente por la presión de los ambientalistas. Es el consentimiento libre del secuestrado. Además, siempre que sesionó para torpedear al agro, el Consejo Superior lo hizo con la escenografía provista por esos ambientalistas, muy útil para la cúpula de la UNC a la hora de brindar una imagen "popular", a tono con las declamaciones de corrección política que hegemonizan la cultura universitaria.La letanía contra el glifosato –y cualquier metonimia– está buena para un ritual religioso. Pero una universidad que no sólo postule utopías reaccionarias podría tratar de responder otras preguntas: ¿Cómo hará la Argentina para seguir produciendo 100 millones de toneladas de granos con menos químicos, que sean menos contaminantes y con menos gasoil? La Universidad parece ignorar que, cuando irrumpieron hace más de dos décadas, la siembra directa y las semillas modificadas mejoraron sustancialmente esa ecuación. Había en aquel momento casi dos mil millones de habitantes menos en un planeta que, hoy, tiene menos hambrunas que entonces. Mientras tanto, ¿cómo lograr que los actuales agroquímicos –cuyos potenciales efectos sobre la salud no niega ni la Mesa de Enlace– sean utilizados correctamente? Chacareros rumanos Como universidad de esta provincia, la UNC también podría preocuparse por el campo cordobés al borde del quebranto, lo cual, por cierto, profundiza la sojización y la degradación de los suelos. Pero es difícil que lo haga: Primero, porque el Gobierno que eleva los costos del agro con la inflación y mantiene retenciones absurdas, pese al derrumbe de precios internacionales, es el mismo que paga los sueldos universitarios. Esto debe influir si uno se guía por los profesores militantes –que acusan a los periodistas de escribir lo que les dictan los dueños de los diarios–, aunque ellos no son muy dados a aplicarse a sí mismos sus teorías. Por lo pronto, jamás cuestionan la asfixia de Cristina Fernández al agro, aunque tal vez aplaudan que sí se bajen las retenciones a la exportación de petróleo, ya que YPF, Chevron y Total son Nac&Pop, mientras que, para la UNC, los chacareros de General Deheza deben ser rumanos o algo así. Segundo, porque la diversidad que la Universidad cree contener se reduce a una competencia por el poder entre listas celestes, azules y azules oscuras. Los rojos, verdes y amarillos que pululan en el resto de la sociedad, y sostienen a la Universidad, no tienen representación. La UNC redujo su pretensión de universo a un agujero negro. Dentro de ella hay unos pocos otros colores, pero no se dejan ver, calladitos ante la cerrada hegemonía y la corrección política de un claustro sin Deodoros Rocas. Tercero, la UNC tampoco dirá nada sobre estas cuestiones porque no hay grupitos fachos que asalten sus sesiones montados en tractores. Esta gente está demasiado ocupada. Ni sabe que la cúpula universitaria encabezada por Tamarit admite encapuchados en el Consejo Superior.