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Suba del dólar y apertura del cepo: ¿una estrategia?

La aceleración de la tasa de depreciación tendrá un traspaso a precios, que puede esperarse sea bastante alta en el escenario actual de elevada inercia inflacionaria, y de ausencia de un ancla nominal de las expectativas.

25 de enero de 2014 a las 02:27 p. m.
Dante Sica*
Suba del dólar y apertura del cepo: ¿una estrategia?

En enero el dólar acumula una suba de nada menos que 22,8 por ciento en lo que va de 2014, y de 37,5 por ciento interanual. Mientras tanto, el paralelo anotó un nuevo récord de casi 13 pesos el jueves: 52,2 por ciento interanual. A esto se suma el anuncio del jefe de Gabinete y el ministro de Economía de ayer, en el que se determinó una flexibilización del cepo cambiario, dando lugar otra vez al atesoramiento de dólares para personas físicas. Los últimos sucesos en el mercado cambiario despiertan, a la vez, sorpresa y preocupación. No queda claro cuál es la estrategia que estaría siguiendo la autoridad monetaria, primero al permitir una suba abrupta del tipo de cambio, y luego flexibilizando el cepo. Obviamente una razón de peso para dejar flotar el dólar es morigerar el continuo drenaje de reservas: al 21 de enero, las mismas ya se ubicaban por debajo de los 30 mil millones de dólares, con una caída de más de mil millones en lo que va del mes. Pero el problema es que los efectos de esta estrategia podrían ser muy nocivos en el contexto actual de inflación elevada y dominancia fiscal de la política monetaria. Es que, en primer lugar, la aceleración de la tasa de depreciación tendrá un traspaso a precios, que puede esperarse sea bastante alta en el escenario actual de elevada inercia inflacionaria, y de ausencia de un ancla nominal de las expectativas. Esto cobra particular relevancia en estos días, dado que la inflación ha mostrado una aceleración en el pasado reciente y sobre todo teniendo en cuenta que en las próximas semanas comenzarán a negociarse los incrementos salariales de 2014. Pero además, la mayor devaluación seguramente tendrá un efecto negativo sobre las cuentas públicas, dado que si bien mejoraría el valor de las exportaciones, esto sería más que compensado por el incremento en el costo de las importaciones energéticas, el encarecimiento de la deuda pública en dólares, y las mayores demandas salariales. El mayor déficit fiscal se traducirá en una mayor emisión para financiarlo. Con lo que la presión sobre el mercado cambiario y sobre la inflación permanecerán. En este sentido, una posible interpretación (optimista) de los hechos recientes sería que el Banco Central ha decidido acelerar la depreciación del peso temporariamente, con el objetivo de estabilizarla más tarde por debajo de la tasa de interés. Sin embargo, aún no es posible afirmar que los sucesos de los pasados días forman parte de una estrategia cambiaria deliberada de parte del Central. Para confirmarlo (o no), habrá que estar atentos a los próximos pasos que dé la autoridad monetaria en el mercado oficial a término y futuro en los próximos días, donde habrá que monitorear si se está dispuesto para defender un determinado precio. En algún momento no muy lejano, el BCRA deberá convencer al mercado de que la depreciación que vimos fue la última, y no la primera de muchas más. En cualquier caso, incluso siendo optimistas sobre el rumbo futuro de la política monetaria/cambiaria, hay que tener en cuenta que en la medida que persista la actual descoordinación de la política económica, y en especial la dominancia fiscal de la política monetaria, el Banco Central sólo podrá comprar –en el mejor de los casos– algo de tiempo. Pero mientras no se corrija el déficit fiscal (de la mano de una corrección del precio relativo de la energía), los desbalances macro continuarán in crescendo.

*Exsecretario de Industria. Director de Abeceb.com