Seis digresiones para un 20 de junio
Belgrano, nunca huelga recordarlo, murió el 20 de junio de 1820, en la pobreza extrema.
1. Fue en una entrevista que le realizó Hernán Brienza. Cristina reiteró su admiración por Manuel Belgrano. Confesó que hubiera tratado de seducirlo.Y luego fue en Rosario, en febrero de 2012, al celebrarse el bicentenario del primer izamiento de la bandera que Belgrano creó. Vamos por todo, le dijo la entonces presidenta a la multitud.Belgrano, nunca huelga recordarlo, murió el 20 de junio de 1820, en la pobreza extrema. Refieren los historiadores que, en su agonía, obligó al médico que lo atendía a recibir como pago un reloj, lo último que le quedaba.Murió mientras el país se desangraba en la anarquía. Las pompas del mármol, los arduos monumentos, como diría Jorge Luis Borges, le llegaron mucho después. 2. En la fachada del Centro Cultural Kirchner (CCK), ciudad de Buenos Aires, un cartel promociona una muestra sobre Borges, a 30 años de su muerte. Nadie es la patria, todos lo somos, dice el letrero luminoso. Pero en la entrada, lo primero que resalta es una enorme placa de mármol. Está escrita en caracteres romanos, como en una historieta francesa de Uderzo y Goscinny. Recuerda que el edificio fue reinaugurado por Cristina Fernández, Julio De Vido, Teresa Parodi y José López. El nombre del exministro aparece con resonancia imperial. Lo escribieron como al de César: JVLIO. 3. En la muestra sobre Borges, reiteran en video las clases de Ricardo Piglia en la Biblioteca Nacional (de donde, antes del revanchismo de 1955, lo echaron a Borges para designarlo como inspector de aves de corral).En uno de esos videos aparece sentado, como un buen alumno, Horacio González, exdirector de la misma Biblioteca. Es el mismo filósofo que desde Carta Abierta repudiaba, no hace mucho, las denuncias por corrupción en el gobierno kirchnerista, como una deposición surgida de letrinas amarillistas.La voz de Piglia resuena en el monumental CCK elogiando el género que inventó Borges, el del cuento a modo de ensayo. Pone como ejemplo Pierre Menard, autor del Quijote . En esa ficción, Pierre Menard es un escritor francés casi desconocido al que Borges elogia por haber escrito (tres siglos después que Cervantes) un par de capítulos del Quijote. Pero no en una versión distinta, sino exactamente como en el original. Respetando cada punto y coma."La verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir", dice Cervantes en el original. Para Borges, esa enumeración, en el siglo 17, es un mero elogio retórico de la historia, y observa que la misma frase, escrita por Menard en el siglo 20, no define la historia como una indagación de la realidad, sino como su origen. "La verdad histórica no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió", dice la sugerente travesura borgeana. Y Piglia ya no encuentra adjetivos para elogiar la genialidad. 4. Fuera del CCK, las radios en los taxis repiten que Cristina ha reaccionado frente al escándalo histórico protagonizado por su exfuncionario José López, el bolsero sin medida. Dicen que Cristina apareció en El Calafate citando la Carta Abierta de Rodolfo Walsh. Adentro, Piglia vuelve a Pierre Menard, el plagiario incomprendido que se resistió a repetir "esos libros parasitarios que ubican a Cristo en un bulevar, a Hamlet en la Canèbiere o a don Quijote en Wall Street". Afuera, la radio explica que según Cristina nadie debe hacerse el distraído. Y que la plata no es de ella. 5. Los sonidos se mezclan. Pierre Menard ha enriquecido el arte de la lectura con una técnica nueva: el anacronismo deliberado y las atribuciones erróneas, recitan en el CCK. Yo no fui, dice Cristina afuera. También ella a destiempo, y atribuyendo mal. 6. No lejos de allí, en la tumba de Belgrano, la lápida se hizo con mármol prestado, de la cómoda de su hermano Miguel.Concluye Borges: la gloria es una incomprensión y quizá la peor.

