Temas del día:

Ricardo Lorenzetti: La exclusión y el fácil acceso a la droga hacen un cóctel explosivo

El magistrado consideró que el narcotráfico en el país “continúa avanzando”. Pidió abordar con urgencia la inseguridad. Dijo que la Justicia sigue lejos de la gente.

17 de agosto de 2014 a las 12:02 a. m.
Ricardo Lorenzetti: La exclusión y el fácil acceso a la droga hacen un cóctel explosivo
Prisión preventiva. Lorenzetti aseguró que la resolución sobre la situación de los detenidos debe ser más rápida (La Voz/Sergio Cejas).

El presidente de la Corte Su­prema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti, repite hasta el cansancio la frase "políticas de Estado". La dice una vez, la reitera, y vuelve sobre esa idea. Lo hace consciente. Está convencido de que la implementación de esa herramienta es el único camino que tiene el país para superar problemas tan complejos como la inseguridad, el avance del narcotráfico, la desigualdad y la "pérdida de valores básicos". Ese fue el eje de su discurso en Córdoba, donde estuvo esta semana y fue galardonado con el título de doctor honoris causa que le entregó la Universidad Empresarial Siglo 21. Antes de recibir ese honor dialogó con La Voz del Interior . –En la apertura del año judicial, usted dijo que la Justicia debía construir "rampas de acceso" para acercarse a la gente. ¿Cómo marcha esa construcción? –Uno de los temas centrales que tenemos en la Corte es el acceso a la Justicia, es una de las políticas de Estado que llevamos adelante. En nuestro país se habla del Poder Judicial nacional, pero la mayor parte de la gente pasa por la Justicias provinciales, que son muy importantes. Por la historia que tenemos, la gente va al centro a litigar, eso viene de la época española cuando se hacía la plaza y ahí estaba la Casa de Gobierno y el Poder Judicial. Y todavía sigue eso de que los tribunales están en el centro. Uno de los temas pendientes es llevar el Poder Judicial donde está el conflicto y no el conflicto donde están los jueces. Este es un cambio de concepción que hay que hacer; tenemos que tener jueces donde están los conflictos: en los barrios, donde están los ­trenes, donde están los problemas de los consumidores, donde están los problemas ambientales, donde se genera la inseguridad. Ahí tienen que estar los jueces, debe haber una frontera mucho más cercana de jueces con el conflicto. –Se necesitan fuertes transformaciones para eso. –El Poder Judicial tiene que estar más cerca de la gente. El Poder Judicial es muy bueno desde el punto de vista académico, pero yo digo que es como un hotel cinco estrellas: es muy lindo, pero es medio caro, sólo entran unos pocos. Entonces hay que bajar los costos para que todo el mundo puede acceder. Y eso se hace con políticas de Estado. Tiene que cambiar la legislación, el Poder Ejecutivo debe acompañar con mejores presupuestos, nombramientos más rápidos de jueces y, también, los jueces y juezas deben tener una actitud mucho más enfocada en la idea del servicio. Nunca hay que olvidarse de que detrás de un expediente hay una persona, porque la rutina lleva a ver más al expediente que a la persona. –¿Y a cuánto estamos de ese ideal que usted postula? –Falta mucho. Sobre todo en la inmediatez, en la celeridad. La Justicia es muy lenta. Porque los códigos de procedimiento están pensados para una época que no es la actual. La gente está acostumbrada a un ritmo que es muy distinto al del Poder Judicial. Nosotros insistimos mucho desde la Corte en estos cambios. Lo que pasa es que se requiere que todos estemos de acuerdo en cada lugar: en las provincias tienen que ponerse de acuerdo el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Y a los argentinos nos cuesta mucho ponernos de acuerdo en un objetivo que beneficia a la gente, que no tiene interés electoral y que además lleva tiempo, pero tenemos que hacer el esfuerzo. –La Corte dijo este año que el narcotráfico afectaba el Estado de derecho. ¿Se avanzó en algo para frenar este flagelo? –Si usted le pregunta a cualquier persona, en cualquier lugar del país, le va a decir que el problema de la droga avanzó. Lo primero que tenemos que hacer es escuchar a la gente. La verdad es que nadie puede negar que la droga en la Argentina avanzó. Y eso trae como consecuencia muchísimos problemas de inseguridad, los delitos son más violentos. Trae muchos problemas en la educación, en los valores que nosotros tenemos que inculcar en la sociedad. Este es un aspecto muy importante, hay que reaccionar. También hay que decir que no estamos en un estado como han vivido otros países, pero es un momento en el cual todavía se puede controlar. Debemos trabajar en una política de Estado. Y sobre todo enfocada en el ­narcotráfico. Esto exige que nos pongamos de acuerdo. Hubo algunos avances, pero falta mucho más. –¿Cómo se retroalimentan la desigualdad con la in­­se­guridad y cuáles son los efectos que eso tiene en la sociedad? –No hay una sola causa para la inseguridad ni tiene una solución sencilla. Claramente hay un problema de desigualdades. La gente que está excluida de la sociedad, que no tiene futuro, que piensa que su vida no tiene ninguna salida y que, además, tiene un acceso muy fácil a la droga es un cóctel explosivo. Entonces, tenemos que solucionar estos problemas de desi­gualdad. Hay que hablar de inclusión, incluir a todos en el Estado de derecho y combatir la drogadicción, son dos cuestiones muy importantes que si no se atacan nunca vamos a solucionar lo demás, eso está claro. También hay que decir que no es el único factor; siempre digo que los inmigrantes eran pobres, pero tenían acceso a la educación. Por eso digo que lo más importante es la inclusión, que es la esperanza para aquel que está postergado de poder tener un futuro. Si tiene un futuro obviamente va a disminuir la violencia, la inseguridad. Ahora, además de eso, se necesita también de un control policial. Y hay que dar respuestas inmediatas y eso requiere de una acción muy coordinada de las fuerzas de seguridad, el Poder Judicial y legislación. –Está instalada la idea de división en el país. ¿De qué manera afecta eso el debate democrático? –La Argentina es un país en el que se debate. Y es importante que la gente discuta, hay que darle oportunidades a todos a que digan lo suyo. Porque cuando uno habla de consensos, debe entenderlo como el resultado de la diversidad de opiniones que se entrecruzan y, luego de discutir mucho, queda alguna idea común. Eso se opone a la idea de pensamiento único, lo que obviamente no es bueno. Hay que promover el debate. Lo importante es saber identificar una serie de principios comunes que nosotros tenemos y entonces hacer políticas de Estado en función de aquello que nos une y no de lo que nos separa. Este es el aspecto más decisivo que necesita el país. Y cuando uno se pone a ver los temas que nos unen son mucho más que los que nos separan. Si hablamos de la inseguridad, de los jubilados, de la droga, no hay nadie que esté en desacuerdo. El problema es que siempre hablamos de lo mismo y no lo solucionamos. Si hacemos el listado de los temas que preocupan se ­vienen repitiendo, pero los problemas se trasladan más que solucionarse. –¿Cuáles son los problemas que a usted le preocupan? –La inseguridad, los jubilados, los problemas de las crisis cíclicas… En general son los problemas que preocupan a la gente. En la Argentina nos hace falta trabajar en temas comunes con políticas de Estado, porque si no lo que se hace es declarar sobre los problemas o atacar lo urgente. Pero a la causa, la matriz que genera el problema, nunca se llega porque no hay tiempo. La educación, por ejemplo, es un tema que preocupa. Hay que trabajar consistentemente durante años sobre un tema, de otra manera no se cambia. Por eso nosotros en la Cortes estamos realizando un Foro de Políticas de Estado. –Su nombre sonó y suena siempre para ocupar cargos ejecutivos. ¿Piensa en algún tipo de incursión en política en el futuro? –(Risas) No, la verdad que no. Además, no sé cómo sería. Yo nunca he estado en la vida pública más que en la Corte. Demasiado tengo con ocuparme de la Corte que de otras cosas. Así que no. –¿Cómo está su relación con la Presidenta? –Obviamente que las sentencias que emite la Corte a veces gustan y a veces no. Nosotros no podemos fijarnos si gustan o no gustan porque si no la gente pierde la confianza. Nuestra responsabilidad es que el pueblo tenga confianza en que la Corte va a decidir igual sea quién sea el que esté en el caso. Lo importante es que el ciudadano común tenga la percepción de que la ley se aplica igual para todos, tenga poder o no tenga poder, si vive en el interior o si vive en la Capital, si es rico o si es pobre, si es educado o no. Sobre la relación, como la Corte es cabeza de un Poder del Estado, siempre tenemos que hablar con los otros poderes.