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¿A quién preguntarle por barrio Maldonado?

Esa necrópolis sórdida, peligrosa y abandonada hoy es casi un símbolo de lo que se vive en su entorno de barriadas copadas por el narcotráfico y en un área cada vez más amplia del degradado sector este de la ciudad de Córdoba, en donde ni el municipio logró “detener la caída”, ni la Provincia publicita obra alguna.

20 de octubre de 2013 a las 02:16 p. m.
¿A quién preguntarle por barrio Maldonado?

Antes de recomendarles a los periodistas que el jueves lo interrogaban por el caso de los policías investigados por narcotráfico que mejor fueran a preguntarle al intendente Ramón Mestre por su viceintendente, el gobernador José Manuel de la Sota consideró que Mestre “tendría que dar explicaciones por el cementerio San Vicente, que es donde dicen que se concentra toda la droga”.

El intendente salió del paso afirmando que el gobernador “está muy nervioso”, e informando sobre reiteradas denuncias policiales radicadas por el municipio y varios pedidos (todos desatendidos) de instalación de una posta policial en el cementerio. Además, dijo que su gestión reforzó el alumbrado y paga el doble de adicionales de policía para aumentar la seguridad.

Dos cosas sorprenden. La primera, superflua, es que mientras los funcionarios delasotistas se esfuerzan por desacreditar las denuncias de Canal 10, el propio De la Sota les da crédito –cuando las acusaciones apuntan al viceintendente Marcelo Cossar y a la supuesta vinculación entre mestristas de la seccional 5ª y narcos– y considera que hacen falta explicaciones. Mestre hizo algo parecido cuando estalló el escándalo policial.

La segunda es llamativa: las dos principales autoridades políticas cordobesas “chicanean” con lo que ocurre en la zona del cementerio San Vicente, cuando lo que sucede ahí es una tragedia. Desde hace demasiado tiempo.

Esa necrópolis sórdida, peligrosa y abandonada hoy es casi un símbolo de lo que se vive en su entorno de barriadas copadas por el narcotráfico y en un área cada vez más amplia del degradado sector este de la ciudad de Córdoba, en donde ni el municipio logró "detener la caída", ni la Provincia publicita obra alguna.Hace años que vecinos y dirigentes de organizaciones sociales de la zona este de la Capital arriesgan la vida en un reclamo constante para que el Estado concurra a enfrentar al narcotráfico y a su entorno perverso: las cocinas de cocaína y el progresivo avance del paco, los quioscos y deliveries de drogas, las muertes constantes por cruces entre bandas, el reclutamiento de adolescentes pobres y el copamiento gradual e imparable del espacio público por parte de los delincuentes.

Hace al menos una década que este diario, con especial énfasis, y también otros medios cronican la forma en que el narcotráfico ha ido penetrando en barrios como Maldonado, Müller, Ampliación Altamira, Renacimiento y Bajada San José, el entorno más próximo a ese cementerio diezmado por delincuentes, que fue descuidado por el Estado hace años, mucho antes de ser guarida de narcos y depósito de drogas.

Lo que se vive en barrio Maldonado también fue mostrado en numerosas ocasiones por medios nacionales.

Los nombres de los principales narcos se mencionan en los diarios y en la televisión, los dirigentes políticos vinculados a ellos nunca se alejan de la vida pública y la ciudad fue aceptando mansamente que esa zona es territorio ocupado.

¿A quién habría que preguntarle por esta realidad si no es al intendente de la ciudad y al gobernador de la Provincia?

En el sitio Wikimapia –muy consultado a nivel global para referenciar y buscar planos de ciudades y barrios– la principal acotación cuando se pone “B° Maldonado-Córdoba” es “zona roja-quioscos de venta de droga”.

Nadie puede hacerse el sorprendido en Córdoba de lo que se sabe hace tanto tiempo.