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Que no nos saqueen la conciencia

Comerciantes que lo perdieron todo justo en el momento en que ­necesitaban aprovechar las fiestas ­para sobrevivir el verano. 

06 de diciembre de 2013 a las 12:11 p. m.
Oscar Arias*
Que no nos saqueen la conciencia

Dos pibes en moto robando una cama de una plaza. Vecinos haciendo barricadas en avenidas importantes. Diez motos, coordinadas como un escuadrón, que frenan, rompen una vidriera en Nueva Córdoba y se llevan todo.

Comerciantes que lo perdieron todo justo en el momento en que ­necesitaban aprovechar las fiestas ­para sobrevivir el verano. Aunque alguien prometa ayudarlos, todos sabemos que el daño es irreparable.

La Luciérnaga, su comedor, su consultorio, su ­fuente de trabajo, cerradas al igual que las escuelas. Estamos viviendo cómo se quiebra nuestra sociedad, cómo se destruye el tejido social que nos debería ayudar a ser parte del mismo cuerpo.

Hoy se fortalecen los peores liderazgos. El que organiza en la villa cómo saquear el comercio cercano, incluido el más chico atendido por sus propios vecinos. Y también se fortalece el liderazgo de los que piden mano dura y represión contra los “negros de mierda”.

La realidad parece darles la razón a estos dos bandos. Los saqueos fueron exitosos y seguramente estamos en la antesala a una política de tolerancia cero. A partir de hoy, la portación de cara deja de ser contravención y se convierte en delito. ¿Con qué fuerza nos plantamos para seguir reivindicando banderas de tolerancia y convivencia?

Me pregunto cómo será la reacción de los cordobeses cuando un pibe les ofrezca una Luciérnaga para llevar el sustento a su casa. ¿Será creíble su esfuerzo? Me parece que para varios dejará de serlo y seguramente será depositario de más de una catarsis.

El mal gobierno siempre supo del caldo de cultivo existente en las villas y en la Policía (las esposas de los agentes lo venían anticipando) y el mal gobierno no supo hacer lo que se debía hacer para evitar este presente, por lo que imagino menos sabrá hacer en el futuro.

Enfrentamientos, falta de trabajo, liderazgos de odio. El peor de los escenarios. Pero no podemos inventarnos una vida nueva. Ojalá que las viejas herramientas de prepotencia de trabajo y valores no estén heridas de muerte.

*Fundación La Luciérnaga.