Por inflación, Ganancias "se comió" 7 salarios en 12 años
La falta de actualización automática de las deducciones afecta a todos los empleados.
En un escenario con inflación arriba del 20 por ciento, y con aumentos salariales en estos niveles, la falta de actualización automática de las deducciones y las escalas del Impuesto a las Ganancias generaron un fuerte incremento de la carga tributaria sobre los asalariados y una pérdida de progresividad.
Esta es la principal conclusión de un trabajo realizado por los investigadores Marcelo Capello y Sebastián Álvarez, del Ieral de la Fundación Mediterránea, y por Carolina Giacomazzi, gerente de impuestos de Deloitte. Los economistas analizaron lo sucedido con la presión fiscal de Ganancias sobre los salarios de los empleados en relación de dependencia. Remarcan que hasta la convertibilidad los distintos parámetros (deducciones, tramos imponibles, entre otros) se ajustaban por el índice de precios mayoristas. Pero desde 1991 esto se suspendió y ahora sólo se ajusta por una ley del Congreso, con la demora y discrecionalidad que implica.
Pese a que la CGT, de Hugo Moyano, y su diputado Héctor Recalde, propusieron cambios al Ejecutivo cambios (ver aparte), según la estructura vigente hoy comienza a tributar Ganancias un trabajador soltero que gana 4.845 pesos brutos por mes (los valores anuales se dividen por 13, contando un aguinaldo anual). En cambio, si se hubieran mantenido los límites en el impuesto en línea con la evolución de la inflación, hoy deberían comenzar a pagar recién a partir de 6.482 pesos. "Es decir que los valores actuales se encuentran 25 por ciento por debajo de 1998", dice el informe.
Un trabajador casado con dos hijos tuvo una pérdida menor: hoy tributa a partir de un bruto de 6.700 pesos por mes, con un poder adquisitivo 15 por ciento menor al salario con el cual comenzaba a pagar en 1998.
Según los autores, con un piso de inflación de 20 por ciento para 2010, si no hubiera ninguna modificación legal de las escalas (el último cambio fue de 2008) se comenzaría a gravar desde el menor nivel de ganancia real (ajustada por inflación) de los últimos 12 años. (En una perspectiva histórica el período más crítico por la presión tributaria fue entre 2002 y 2005).
Menos progresivo. Por tener distintos montos de alícuota según el monto de la ganancia imponible, este impuesto se considera progresivo (pagan más quienes más ganan). Pero los tramos de escala no se modificaron desde el año 2000: paga ganancias desde 0 hasta 10 mil pesos anual, la alícuota es nueve por ciento y llega a 35 por ciento por las rentas netas superiores a 120 mil al año.
Esta falta de actualización hace que un contribuyente, cuando aumenta su ganancia neta en valores nominales puede pasar a tributar un porcentaje mayor, aunque su poder de compra no se haya modificado, o incluso haya descendido.
Esto vuelve menos progresivo al sistema ya que los contribuyentes que están en los tramos más elevados son los que menos impacto sufren por la recategorización (quien tributaba en 2000, 35 por ciento, ahora lo sigue haciendo).
Un ejemplo: un contribuyente ubicado en el promedio de los tramos de imposición, que en 2000 estaba en el segundo tramo (alícuota de 14 por ciento) sufrió hasta 2010 una suba superior al 60 por ciento en la alícuota (pasa a 23 por ciento).
Los más pobres, peor. Aunque la falta de adecuación de los parámetros de Ganancias modifica la presión tributaria efectiva respecto a su poder adquisitivo, los que menos ganan son los más afectados por esta situación.
Para un contribuyente que en 1998 ganaba el equivalente a tres salarios formales promedio, el pago del impuesto a las Ganancias representaba 0,6 por ciento de su remuneración bruta anual. Quien hoy gana el triple del salario promedio, si los parámetros se hubieran ajustado de acuerdo a la inflación debería tributar el 1,1 por ciento, pero paga 4,2 por ciento de su salario bruto. Es decir, 284,3 por ciento más. En el caso de un asalariado que cobra cinco veces el promedio del salario formal, la diferencia se achica al 107,6 por ciento (su pago representa el 12,2 por ciento cuando debería ser de 5,9 por ciento, con ajuste).
En todos los casos, la evolución de la carga impositiva fue más desfavorable para un trabajador soltero, que para otro que tiene cargas de familia. Esto es así porque estas últimas deducciones subieron más que las detracciones generales.
Cuánto más pagaron. Tomando como ejemplo un trabajador sin cargas de familia que cobra el equivalente a tres veces el promedio de los salarios formales, en 2009, pagó por Ganancias 4.128 pesos anuales. Si las deducciones y las escalas se hubieran ajustado igual que la suba de precios, debería haber pagado 1.074 pesos. Este tributo adicional representa el 40 por ciento del salario bruto mensual de ese trabajador.
En el acumulado de todo el período de 12 años, este empleado (que estaba en la primera escala de imposición) tributó tres salarios brutos mensuales más que los que le hubieran correspondido si se hubiesen mantenido los valores reales de 1998. Para los contribuyentes de escalas de ingreso superiores, la pérdida oscila entre cinco (en el tramo más alto) y siete (en la mayoría) sueldos brutos acumulados desde 1998.
Aunque los de mayores ingresos fueron los que más salarios perdieron, en términos reales la presión aumentó más para los de las escalas más bajas. Los del primer tramo, pagaron 178,7 por ciento más y los del más alto, tributaron 19,7 por ciento más.
Por último, el informe concluye que, si en 2010 no se modifican los parámetros, un trabajador que en 1998 estaba en el escalón más bajo de tributación, hoy pagará 4,3 veces más que si los valores se ajustaran por inflación. En cambio, quien estaba hace 12 años en la escala más elevada (alícuota del 35 por ciento), ahora tributa un 41 por ciento más.

