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Polarizados y fragmentados

La tesis de una crisis terminal quedó partida por la mitad.

10 de abril de 2017 a las 12:31 a. m.
Polarizados  y fragmentados
(Ilustración de Gustavo Dagnino)

María Eugenia Vidal le quebró el brazo a Roberto Baradel. Los gremios docentes bonaerenses resolvieron levantar los paros. Con esa metodología que durante una década les resultó útil, esta vez sólo consiguieron el descuento de los días no trabajados.

Vidal combinó amabilidad en los modales con firmeza política. Los docentes convencieron de la legitimidad de sus reclamos, pero perdieron el debate sobre la legitimidad de sus métodos.

A la CGT, le pasó algo similar. Fue a un paro que no quería, empujada por el kirchnerismo y la izquierda. Puso a disposición de la huelga a los sindicatos del transporte público. Pero quedó atrapada entre la izquierda, que le arrebató con sus piquetes el discurso público, y millones de ciudadanos que hicieron visible como nunca antes su oposición.

La tesis del descontento terminal y generalizado –que es un a priori no revisado de los teóricos del kirchnerismo– quedó partida por la mitad. Mas no fue Cristina quien hizo el gasto con el paro y perdió luego en el efecto demostración. Fue la dirigencia sindical.

Con ese error de cálculo, no sólo retrocedió en la estrategia reivindicativa: se autoinfligió un daño acaso definitivo en sus aspiraciones de fungir como eje organizador de un nuevo liderazgo en la oposición.

Los voceros gremiales sostienen que el macrismo los apuntó con su nuevo discurso polarizador. También en el Partido Justicialista se quejan de que esa divisoria de aguas los deja como rehenes. Es posible que la Casa Rosada tenga como objetivo polarizar entre Macri y Cristina.

¿Podría no hacerlo con un peronismo tan timorato para sacarse de encima la mochila de la expresidenta? ¿Podría evitarlo mientras Cristina agita el fantasma del helicóptero?

Es la metáfora de Corea del Medio, con la cual insiste el ensayista liberal Fernando Iglesias. Entre la estabilidad del Gobierno votado en elecciones y la desestabilización prometida y provocada, no hay un territorio posible en el medio. Corea del Medio es una ilusión.

De modo que la polarización puede ser un beneficio para Macri, pero también un condicionamiento que le impone la morosa renovación republicana de la oposición justicialista. Que todavía le teme a Cristina.

Sin embargo, esa polarización entre posiciones políticas es posible que decante en octubre próximo en una fragmentación de opciones electorales.

Si el justicialismo sigue demorando la resolución de su profunda crisis interna, llegará a las elecciones con varias listas.

Su expectativa será que la lectura del domingo 22 de octubre por la noche equivalga a la sumatoria del agua y el aceite.

Del lado del Gobierno, tampoco está claro que la polarización evite la pluralidad de ofertas. Martín Lousteau acaba de proponerla en el territorio natural de Macri. Esa fragmentación conspira contra el principal interés oficialista: que aquel domingo por la noche se lea que la lista del Presidente se impuso, aunque sea por un voto, a la primera de las opciones opositoras.

Octubre nos encontrará, entonces, polarizados y fragmentados.

Es una contradicción aparente, como explicó un maestro de la ciencia política que le puso su sello a la política consensual de 
la democracia argentina hasta 
los discursos de la última Convención Constituyente.

Giovanni Sartori. Que en paz descanse.