Más tensión en el municipio que en el Centro Cívico
Mestre da pelea con una inversión en obras muy superior a la que venía ejecutando. El escaso reconocimiento que recoge es parte del problema político que enfrenta.
A cuatro domingos de la votación, y muy tímidamente, la elección provincial intenta ocupar el centro de la escena política cordobesa con mucho marketing, promesas millonarias y en dólares lanzadas a vuelo de pájaro y una discusión política que hasta ahora no se salió jamás de los guiones publicitarios. En cuatro semanas, se vota gobernador, pero hay más interés y más tensión en torno de la Municipalidad de Córdoba que del Centro Cívico. La realidad urbana es más concreta. Los problemas irresueltos son una presencia cotidiana. Y las circunstancias que acompañan al intendente Ramón Mestre siempre parecen más explosivas: sea porque la UTA vuelve a parar, porque las cloacas vuelven a desbordar o porque el intendente firma un decreto que dice que cada negocio de la ciudad -desde el quiosco al hipermercado y desde el taller a la mayor automotriz- deberá pagar extra para le lleven los residuos. Al día siguiente se entera de lo que firmó, deroga el decreto y deja a la vista hasta qué punto son improvisadas algunas de las decisiones que toma el municipio. Incluso aquellas que pueden afectar de modo directo a miles de contribuyentes y a un servicio esencial como el de la basura. En esas manos está la adjudicación de la licitación general de ese servicio a ocho años, que compromete más de un presupuesto municipal y que permanece en una indefinición que posterga cualquier mejora pero no detiene los aumentos que aplican las empresas Lusa y Cotreco. Ese frente es hoy uno de los más complicados de la administración. La gestión Mestre intenta dar pelea con una inversión en obras públicas muy superior a la que venía ejecutando: hay inauguraciones a diario y habrá muchas más. Se cortan cintas por la repavimentación de unas pocas cuadras, pero también por la ejecución de desagües estratégicos como los de la zona sur, que evitarán que se inunden 40 mil personas. El escaso reconocimiento que obras de semejante magnitud generan para la gestión Mestre es una muestra más de su complicado presente político. Y eso que el Suoem respeta su palabra de dejarlo llegar a las elecciones sin conflictos por los pases a planta. Y que el Surrbac aceptó lo propio respecto de las indemnizaciones que pretenden los recolectores. Las cuentas de la ciudad se volvieron enigmáticas. Las colocaciones de letras se volvieron cada vez más frecuentes, las gestiones ante bancos privados hasta incluyeron el pase de cuentas sueldo de los funcionarios a cambio de asistencia y la emisión de cheques de pago diferido -con la consiguiente intermediación de "cuevas" en el proceso de pago que Mestre tanto reprochara a la gestión anterior- está tan vigente como en la época de Daniel Giacomino. Las complicaciones político-partidarias no son menos importantes para Mestre. Virtualmente expulsado de la campaña provincial por la presencia de Luis Juez, enfrenta además un pacto cada vez más explícito del Frente Cívico con Olga Riutort y una explosión de candidatos kirchneristas. Y eso que todavía juega al misterio con la fecha de la elección, que será la verdadera línea de largada de la carrera municipal.

