A los comerciantes les cuesta pensar en el futuro
Los dueños y los empleados de negocios de San Vicente aún no superan el pánico de haber presenciado el saqueo de sus locales. Muchos piensan en cerrar.
En San Vicente, los dueños y los empleados de los negocios no pueden pensar en el futuro. Todavía están grabadas en sus retinas las imágenes de los saqueos y la violencia del martes y el miércoles pasados. No pueden dormir y no saben por dónde empezar a reconstruir. Los delincuentes vaciaron negocios, pero también vaciaron de esperanza a comerciantes y trabajadores."Perdí todo. No sólo me vaciaron el negocio. Vivo atrás del local. Me llevaron lavarropas, televisor, notebook , toda mi ropa. Me dejaron con lo puesto" dice Natalia Amarillo, dueña de Look, local de ropas y accesorios sobre San Jerónimo, en San Vicente. Y cuenta que está usando una remera prestada y sólo le quedan un par de ojotas como calzado. Parece calmada, pero confiesa que está tildada por lo que le pasó."Recién volvía de Buenos Aires con ropa para vender en las fiestas. Cerré el negocio a las 21 y a las 2 tenía a los ladrones adentro de mi casa. Treinta tipos saqueando todo", relata. Natalia vive sola. Piensa que además de robarle, podrían haberle pasado otras cosas peores.Calculo que perdió 150 mil pesos. Ahora tiene todo abierto. Se mudó de una amiga. Dice que los créditos que prometió la Provincia le servirán de poco."No sé. Estoy tildada. No duermo. No tengo proveedores fijos que me puedan esperar. Pago alquiler. Voy a hablar con el dueño para que me banque un par de meses. Si no puede, tendré que cerrar. No sé que voy a hacer", confiesa. "¡Robaron Alcides!" "¡Robaron Alcides! ¡Cómo se van a meter en Alcides!", decían los vecinos al ver la vidriera rota de este negocio tradicional de San Vicente. En la larga noche del martes los saqueadores lograron entrar a este polirrubro pero un empleado logró espantarlos. Apenas se llevaron lo que había en la vidriera y en una de las vitrinas con relojes.Ahora limpian y ordenan. Ya encargaron los vidrios y también un herrero para reparar el frente del negocio. Adentro limpiaron y ordenaron todo. El negocio volvió a abrir. Algunos clientes entran, se solidarizan.Daniel Civarolo, su dueño, está con bronca por lo que le pasó, pero más pena le dan los otros locales del barrio que fueron vaciados. "Esa gente no sé que va a hacer. Están fundidos", dice.Y agrega: "No sabemos bien qué teníamos en la vidriera, pero calculo que habremos perdido entre 35 mil y 50 mil pesos. Había cámaras digitales que habían llegado nuevas". –¿Cómo piensa recuperar eso? –Qué se yo. No sé. Por ahora no voy a comprar nada más. Se venderá lo que hay. No tenemos guita. Habíamos puesto las fichas en esto para las fiestas. Son compras que todavía no pagamos. Entregamos cheques.Después se serena y piensa que al menos a él los créditos que promete la Provincia le pueden servir."Vamos a ver como es la cosa. Seguro que sirven. Vamos a agarrar viaje", piensa.Y se queda con el gesto de los vecinos que no pueden creer que hayan robado Alcides, con mas de 50 años en el barrio. "El negocio era de mi vieja y mi viejo. Ayer yo estaba por el piso. Mi vieja, en lugar de deprimirse, nos daba ánimos", cuenta. "¿Dónde está la 'pepa'?" "No se llevaron una sola leche ni alimento. ¿Sabés qué me pedían los ladrones? Pepa. 'Dame pepa', me decían". Limpiaron las cajas de clonazepam, rivotril y alprazolam", cuenta Raúl Albarracín, empleado de las Farmacia Nueva, de San Vicente. Los saqueadores arrasaron con todo: perfumes importados, anteojos, bisutería, ropa, carteras, secadores de pelo, tensiómetros, nebulizadores y medicamentes."El que pasaba entraba y sacaba algo. Se llevaron mucho. Serán unos 70 mil pesos", estima Raúl.Todos los empleados están limpiando el negocio y ordenando lo que quedó. De perfumería, apenas unos desodorantes y jabones. Una empleada repasa los pocos pares de aros que dejaron los delincuentes.Raúl está shockeado con lo que presenció el martes a la noche. Todavía está nervioso. Todavía tiene miedo."Habíamos comprado ocho mil pesos en relojes y se los llevaron todos. Les dije que sacaran pero que no rompieran y rompían más", cuenta.Y confiesa: "Cómo será el miedo que tenía, que en un momento me fui al sótano. Arrinconado como una rata".Según los empleados, el dueño de la farmacia está pensando en cerrar o mudarse. Raúl sigue con miedo."Esté o no esté la policía, ahora tengo miedo de abrir. Le tengo miedo hasta a la Policía. Viene alguien y lo tengo que mirar tres veces para abrir", se sincera.

