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Las noches en Olivos están siendo cada vez más cortas

La segunda carta de la Presidenta está más dirigida a cerrar filas que a dar respuestas. No se hace cargo de lo que está bajo su responsabilidad. Y recrea a Duhalde con el "me tiraron un muerto".

22 de enero de 2015 a las 08:53 a. m.
Las noches en Olivos están siendo cada vez más cortas

Nada nuevo. Dice Cristina Fernández citando a Buenos Aires Herald sobre la acusación de Alberto Nisman contra ella, su canciller y otros colaboradores.

Nada nuevo. En el mensaje de una Presidenta, que no se ocupó en lo más mínimo de mostrar su preocupación, temor y desconcierto. Una vez más, volvió a apelar al argumento más remanido del gobernante acorraldo: un complot para destituirla.

Esta vez el complot es extenso. Cristina y sus seguidores lo empiezan a describir marchando por las calles de Paris y lo van trayendo a estas tierras con vacaciones interrumpidas, presentaciones judiciales, disparos en la cabeza de un fiscal y su correlato de repercusión política y tratamiento mediático.

Nada nuevo tampoco en esta recreación de la frase de Eduardo Duhalde ante el crimen de José Luis Cabezas: “Me tiraron un muerto”. No la usa textual la Presidenta, pero exactamente eso dice en varios de los párrafos de la nota que colgó al amanecer en Olivos.

La noche en la residencia presidencial debe haber sido tan corta como las últimas. Una Presidenta que escribe (o dicta) más para cerrar filas hacia dentro de su proyecto y seguidores que para dar respuestas a los argentinos.

Como la primera, la segunda carta tiene una larguísima lista de preguntas. Tal vez Cristina Fernández se olvidó de que es la Presidenta y se puso en el papel de un ciudadano, un dirigente de cualquier ámbito, un periodista u otro actor social, que está más orientado a cuestionarse que a dar las respuestas institucionales.

Y, también por segunda vez, la jefa del Estado orienta varias de esas preguntas a una persona que ya no va a responder, Alberto Nisman.

Lo propio como ajeno

Como lo ha hecho el kirchnerismo en estos 11 años de gestión, Cristina habla de asuntos propios como si fuesen ajenos. Alude al accionar de los servicios de inteligencia como si no le cupiese la responsabilidad de conducirlos, se pregunta por la labor de los custodios de la Policía Federal como si fuese una fuerza de seguridad que depende de un ente paranacional.

Y como si no tuviese la investidura que tiene, vira la hipótesis del suicidio a la del homicidio. Sin datos, sin elementos. Con la liviandad que sus seguidores le endilgan a todos los que se están ocupando del caso.

Es que la segunda carta de la Presidenta no está dirigida al pueblo de la Nación. Está dirigida a los suyos. A darles letra. A cerrar filas. A abroquelarse. A resistir.

Resistir. Esa será una palabra clave en la política argentina en los tiempos que vienen.