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Las claves: porcentajes y lentitud del conteo

El proceso electoral de 2007 marcó el bochorno total, no sólo por las denuncias de presunto fraude que lanzó Luis Juez en sí, sino por la forma en que se dio el procedimiento que terminó con la proclamación de Juan Schiaretti. 

12 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
Las claves: porcentajes y lentitud del conteo

El proceso electoral de 2007 marcó el bochorno total, no sólo por las denuncias de presunto fraude que lanzó Luis Juez en sí, sino por la forma en que se dio el procedimiento que terminó con la proclamación de Juan Schiaretti. A más de 15 horas de cerrada aquella elección, los cordobeses no sabían quién había ganado, y contabilizaban en el medio un "apagón" del sistema de carga de datos, que, cuando se reac­tivó, había cambiado totalmente los guarismos de uno y otro candidato. Un golpe letal a la credibilidad. Esa vez no hubo celeridad, ni seguridad.Cuatro años después, el debut de la Boleta Única de Su­fragio (BUS) emprolijó bastante la cuestión, pero la posibilidad de conflicto se desactivó esa vez por la amplitud del triunfo (diferencia de casi 10 puntos porcentuales) que obtuvo José Manuel de la Sota sobre Luis Juez, al punto tal que este reconoció rápi­damente la derrota y no hubo más ruido.El pasado domingo, en tanto, la lentitud del conteo provocó intranquilidad, sobre todo en la oposición, demora que hizo que recién cerca de la una de la mañana del lunes 6, el radical Oscar Aguad llamara por teléfono y felicitara al ganador Juan Schiaretti, ya gobernador electo.En esta ocasión también había, en el campamento de Aguad, quienes preferían esperar avances en el escrutinio antes de tomar una determinación, pero la situación quedó salvada prácticamente por factores externos.La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el gobernador bonaerense Daniel Scioli y el líder del PRO, Mauricio Macri, se apuraron por igual a felicitar bien temprano a Schiaretti como ganador y descomprimieron en gran medida la situación en los distintos búnkeres opositores.Igualmente, la experiencia de los últimos años indica que la mayor posibilidad de escandalete electoral es directamente proporcional a la menor diferencia porcentual entre el ganador y el segundo, y también a la demora en tener un escrutinio certero.