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La política ficción y el laberinto de De la Sota

Scioli se puso al frente de la campaña bonaerense. Si mejora la cosecha de votos de Insaurralde, habrá quedado como el heredero del proyecto K.

07 de septiembre de 2013 a las 02:15 p. m.
La política ficción y el laberinto de De la Sota

En un escenario político tan cambiante, planificar a dos años parece un ejercicio de ficción. Sin embargo, como amantes de las películas del gran George Lucas (director de La guerra de las galaxias), varios dirigentes peronistas, entre ellos el gobernador José Manuel de la Sota, trabajan para los comicios legislativos de octubre, pero miran a las presidenciales de 2015.

La magra cosecha de votos del kirchnerismo en las primarias de agosto apresuró un debate interno en el PJ, que hasta ahora parecía adormecido.

Una decena de gobernadores oficialistas –encabezados por el bonaerense Daniel Scioli– se reunieron la semana pasada en Corrientes y bajaron un mensaje sin grises: “Hay que peronizar la campaña para octubre”.

Aunque hubo emisarios del Gobierno nacional, la definición de los caciques provinciales no le debe haber causado gracia a la presidenta Cristina Fernández. Su silencio también desnuda su debilidad política actual.

Scioli aparece ahora como el responsable de poner sobre sus hombros la campaña en el decisivo distrito bonaerense, luego de que naufragara la estrategia de la Presidenta de arrimarle votos al candidato K Martín Insaurralde, en los comicios de agosto.

El gobernador bonaerense se juega una parada difícil: si el oficialismo mejora en octubre la elección de las primarias, se consagrará como el heredero natural del proyecto K. Si el ahora opositor Sergio Massa estira su diferencia, el futuro político de Scioli quedará tan herido como el de la Presidenta.

Preocupación local

En este escenario de la pulseada nacional, en el cual Massa y Scioli se roban todas las miradas, desde Córdoba De la Sota intentará pararse como una tercera opción peronista para 2015.

Recostado sobre el PJ tradicional, el gobernador de Córdoba tira señales de que se anotará para la disputa, pese a que por ahora no está en el candelero nacional.

De la Sota observa con atención el escenario nacional, aunque los últimos acontecimientos en Córdoba indicarían que debería preocuparse más por la gestión provincial que por buscar su proyección al resto del país.

El ministro de Agricultura, Néstor Scalerandi, quedó colgado de un pincel luego de que se hiciera pública una supuesta conexión irregular de energía en una casa de su propiedad, en Anisacate.

Esta semana, luego de otro informe del programa televisivo ADN, de Canal 10, quedaron comprometidos altos jefes policiales, sospechados de tener vínculos con el narcotráfico.

El delasotismo trata por todos los medios de que no se transforme en una noticia con repercusión nacional, como ocurrió con el ahora exjefe de Policía de Santa Fe, Hugo Tognoli, apartado del cargo y procesado por sus presuntas conexiones con el tráfico de drogas.

Como en el caso de Scalerandi, el delasotismo ve la mano de los K en estos escándalos públicos.

No hay dudas de que existe un fogoneo político, pero las excusas oficiales hacen agua ante una pregunta simple: ¿los hechos sucedieron?

Hay otro dato político que no pasa inadvertido: en el PJ cordobés, hoy nadie le discute el liderazgo a De la Sota, pero ya hay cuatro peronistas anotados para su sucesión: Juan Schiaretti, Oscar González, Daniel Passerini y Martín Llaryora. Esto es algo inédito en el oficialismo.

También está Eduardo Accastello, aunque por ahora el intendente villamariense está dentro del kirchnerismo.

De todos modos, el gobernador envía señales al PJ nacional.

El miércoles pasado, cuando Massa debutó en Córdoba su traje de presidenciable en una reunión de productores agropecuarios, De la Sota mandó al legislador Carlos Alesandri a recordar el pasado reciente: el intendente de Tigre era funcionario nacional (titular de la Anses) y estuvo en la misma vereda que los K durante el conflicto con el campo, en 2008.

De la Sota también recibió con beneplácito la definición de Scioli en una entrevista con este diario. El bonaerense lo reconoció como peronista y excluyó a Massa de una eventual interna del PJ por la candidatura presidencial.

El plan del gobernador es enfrentar a Scioli en las primarias presidenciales, dentro de dos años.

Hasta sus propios funcionarios admiten que De la Sota tiene pocas chances en la interna del PJ nacional.

El gobernador tiene experiencia en derrotas y luego éxitos, al menos en Córdoba. Perdió como segundo de Antonio Cafiero, en la interna del PJ de 1989, frente a Carlos Menem y Eduardo Duhalde. También intentó ser candidato presidencial en 2003, pero declinó su aspiración cuando el entonces presidente Duhalde –convertido en el gran elector– se inclinó por Néstor Kirchner.

La memoria corta de muchos K no recuerda ese episodio: sin Duhalde, el santacruceño no hubiera llegado nunca a la Casa Rosada.

En un escenario político lábil, los peronistas están enfrascados en su propia interna. Esa característica volátil del panorama es lo que alimenta la ilusión presidencial de De la Sota. Aunque sus funcionarios no paran de darle sofocones.