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La otra cara: la familia de las víctimas

Momentos antes de que comenzara la segunda jornada del juicio que se lleva a cabo desde el martes pasado en los Tribunales Federales de Córdoba, tuve oportunidad de conocer a una de las hijas de Herminia Falik de Vergara. Ana Mariani.

10 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Ana Mariani (Periodista)
La otra cara: la familia de las víctimas
(Ramiro Pereyra/La Voz).

Lo primero que me llamó la atención fue el parecido de su rostro con el de su mamá, en la única foto que se conoce y que se cuelga en distintos lugares junto a los demás rostros de tantos desaparecidos.

Me comentó que se encontraba con fuerzas y confiada en que este juicio fuera reparador. Pero cuando la voz de Pablo Bustos Fierro, secretario de Cámara que tiene a su cargo la lectura de las causas –en este caso la que se conoce como “Herrera”–, hizo referencia a lo que había sucedido con Falik de Vergara, las cámaras enfocaron a la hija de Herminia en la sala de audiencias, y aquel rostro tranquilo y distendido que había conocido hacía instantes se convirtió en un solo gesto de dolor.

Con lágrimas en sus ojos, escuchaba los cargos en contra de los represores que torturaron hasta la muerte a su madre.

Más allá de lo que dice la causa, una sobreviviente nos relató acerca de Herminia Falik: “La mujer tendría unos 25 años, alta, parecía de pelo negro, tez blanca, bonita. Sobre su cabeza y sentado en el respaldo estaba el sargento Hugo Herrera, alias ‘Quequeque’ o ‘Tarta’, con los extremos de la picana en cada mano. Transpiraba y sus ojos aparecían desorbitados entre las chispas de la electricidad. (…) Me hicieron ver ese espanto unos minutos y me volvieron a llevar a la cuadra. Se los notaba apurados porque debían cumplir con el brindis de la oportunidad”.

Claro, el apuro se debía a que “era una noche de pan dulce, quizás vísperas de Navidad”, recordó la sobreviviente, “y se los notaba apurados porque debían cumplir con el brindis de la oportunidad en familia”.

Mientras Herminia Falik moría en la sala de tortura, la ciudad de Córdoba festejaba la Navidad.

Esta joven, quizás de la misma edad que su mamá cuando la llevaron a la sala de tortura, conocía el tremendo final de Herminia, pero la lectura de la causa lo traía otra vez al presente. Y escucharlo en el contexto de este juicio lleva, inevitablemente, a revivir el dolor.

En esta misma causa, además de la de Herminia Falik, también se investigan las muertes de Luis Justino Honores (obrero), Horacio Fernández Samar (médico) y María Luz Mujica de Ruarte (estudiante de Medicina), todos secuestrados en los meses de noviembre y diciembre de 1976. Todos muertos como consecuencia de las brutales torturas a las que fueron sometidos.

También los familiares de estas víctimas habrán revivido el tormento por el que pasaron sus seres queridos, que fueron enterrados clandestinamente en los alrededores del campo de exterminio La Perla.

No obstante lo reparador que puede resultar el que haya llegado la hora de la justicia, los familiares de las víctimas en este proceso tendrán que volver sobre sus heridas, que sólo cerrarán el último día del juicio, cuando la voz del presidente del tribunal dé a conocer la sentencia.