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La noche de las escopetas

En los graves episodios ocurridos entre el martes y ayer no existió motivación política. El fin de los autores fue robar, saquear, quedarse con algo ajeno. En definitiva, el propósito fue violar la propiedad privada.

05 de diciembre de 2013 a las 12:48 p. m.
La noche de las escopetas

En 1995, militantes, gente indignada, gente que no había cobrado el sueldo durante meses y algunos agitadores coparon el centro de la ciudad de Córdoba, quemaron la Casa Radical –un símbolo de la política provincial– y saquearon algunos comercios. La rotura de vidrios de negocios importantes y la apertura violenta de determinadas casas de ventas de comida y almacenes tuvieron un efecto rápido, pero pasajero. Esos episodios inéditos terminaban de tumbar a la administración del cacique radical Eduardo Angeloz, con tres períodos consecutivos en el poder provincial.En 2001, como en todo el país, los cordobeses salieron a la calle a pedir "que se vayan todos". Se repitieron las corridas, los hechos violentos, los saqueos, siempre acotados, y se multiplicó el vandalismo. Hubo un muerto: el joven de 13 años David Moreno cayó víctima de una bala perdida en medio de los saqueos. El principal acusado fue un policía, pero el juicio no empezó.Fue este, tal vez, el episodio de mayor violencia social de la historia política contemporánea de esta provincia.La espiral violenta que se dio a lo largo y a lo ancho del país con centro en la ciudad de Buenos Aires terminó con la administración del presidente Fernando de la Rúa.Hubo también en nuestra provincia hechos concretos vinculados a protestas sindicales que derivaron en fuertes y hasta irracionales picos de violencia. Heridos, detenidos, imputados, sospechados...Si se mira hacia atrás, el Viborazo y el Cordobazo aparecen como dos hechos de clara singularidad, aunque con diferentes particularidades. Seguramente se vincularon con lo ocurrido entre el martes y ayer por el desplazamiento violento de personas armadas en las calles, aunque las motivaciones son muy diferentes.En todos los episodios mencionados se puede encontrar, en la base, una motivación si se quiere ideológica. Hay una idea vulnerada o a defender. Existe un proyecto que merece ser respaldado hasta con la sangre, según sus mentores.Ahora no pasó eso. El autoacuartelamiento policial dejó a la capital provincial como zona liberada, en la que cualquiera tenía derecho a hacer lo que quisiera. Violar la propiedad privada con el único fin de despojar a un propietario de sus pertenencias fue la única consigna válida.Todo empezó a primera hora de la tarde del martes, cuando un grupo de vecinos desaforados saqueó un supermercado en barrio SEP primero, y en barrio Ituzaingó después, ambos en el sur de la ciudad.Eso fue un reguero de pólvora. Fueron 15 horas de terror, y la tradicional "Docta" fue tierra arrasada. No quedó nada en pie. Y quien pretendía defenderse lo hacía a punta de armas de fuego.En uno y otro bando se exhibían armas largas. Y no debe haber nada más intimidatorio que una persona paseándose en la vía pública con un fusil o una escopeta en la mano.La Policía dejó a la ciudad librada a su suerte. Vandalismo y actos de pillaje, más espontáneos que organizados, se sucedieron en la ciudad.No se trata abrir juicio sobre lo que se robaron de los súper o de otros negocios. En realidad, la gravedad de los hechos es la misma en todos los casos y sólo hay diferencias de grado. Es tan ladrón el que saca una caja de arroz como el que se lleva zapatillas de marca o un TV.Acá importaba robar, importaba saquear, nada más que eso. Parece que hay un sistema de valores que se resquebrajó a partir de ese quiebre en el principio de autoridad. El vale todo es una lamentable marca nueva.