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“La democracia tiene promesas por cumplir”

César Tcach señala que el tratamiento de la nueva ley de Inteligencia merece un debate más amplio y menos apresurado.

07 de febrero de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
“La democracia tiene promesas por cumplir”
“Oportunismo”. Para Tcach, los gobiernos constitucionales, con la excepción del de Raúl Alfonsín, hicieron un uso oportunista y a veces perverso de los servicios de Inteligencia (Raimundo Viñuelas/Archivo).

César Tcach es doctor en Historia y dirige la Maestría en Partidos Políticos del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Entre sus numerosas publicaciones, una de ellas se titula Argentina 1976-2006, entre la sombra de la dictadura y el futuro de la democracia. Consultado sobre la muerte de Alberto Nisman, afirma que nuestra democracia mantiene una serie de cuentas pendientes con la ciudadanía. Y sostiene que espera que el próximo gobierno sepa corregir lo malo y profundizar los aspectos positivos de las gestiones kirchneristas. –¿Qué posición tiene respecto al proyecto de reforma de la Secretaría de Inteligencia que se está debatiendo en el Congreso? –La aprobación exprés de ley de Inteligencia se sitúa en las antípodas de una democracia participativa. Hubiera sido bueno abrir el debate a las organizaciones sociales, los organismos de derechos humanos, los familiares de las víctimas de la dictadura y de la Amia, a los sindicatos y el movimiento estudiantil. De ese modo, se hubiese dado un paso cierto para mejorar la calidad de la democracia. –¿Cree que lo ocurrido revela que aún vivimos en una democracia en transición? –La muerte del fiscal nombrado durante la presidencia de Néstor Kirchner, nos recuerda que las zonas opacas de la política forman parte de las promesas incumplidas de nuestra democracia. La transición a la democracia terminó con el aplastamiento de la última rebelión militar golpista y "carapintada" en 1991. La abolición del servicio militar obligatorio y la nueva constitución de 1994, fueron hitos que mostraron el amanecer de una nueva época histórica. Pero quedan grandes deudas pendientes, que debilitan la calidad de nuestra democracia –¿Cómo cuáles? –En lo económico, se podría aspirar a un sistema impositivo más progresivo y a un tipo de desarrollo que no repita el viejo esquema de la exportación de materias primas, por ejemplo, la minería o la soja. En cuanto a lo político, habría que evitar los sistemas de partidos hegemónicos en muchas provincias, como Formosa, donde el monopolio del suministro de empleo por sus gobernadores los convierte en cuasi señores feudales. Y en lo social, deberíamos lograr el despliegue de una ciudadanía participativa cuyo sustento no sean los subsidios, que reproducen, en definitiva, el statu quo y las relaciones de dominación. –Haciendo un poco de historia: ¿cómo surge la Side? –Sus orígenes se remontan al primer gobierno peronista. Juan Domingo Perón necesitaba contar con un organismo de Inteligencia para identificar amigos y enemigos en los sindicatos, el movimiento estudiantil, las Fuerzas Armadas y el campo político en general. Por eso, apenas asumió la presidencia, en 1946, creó por decreto la Coordinación de Informaciones del Estado (Cide), que funcionó primero en la propia Casa Rosada y luego en un edificio de la Policía Federal. Tras su derrocamiento, otro general, el presidente Pedro Aramburu, trocó su nombre por el de Side y dispuso que todos sus fondos fueran reservados, de modo que los espías no tuviesen que rendir cuentas de como usaban el dinero que recibían del Estado. Sus objetivos principales eran combatir a la militancia peronista y de izquierda. En otras palabras, fueron dos generales enfrentados entre sí, Perón y Aramburu, sus padres fundadores. –¿Y cuál ha sido la relación de los servicios con los gobiernos desde 1983? –Durante la presidencia de Raúl Alfonsín, se echaron 860 empleados de la Side, pero el primer gobierno post-dictatorial tenía más voluntad que poder para cambiar las cosas. La primera ley de Inteligencia fue aprobada por el parlamento nacional en 2001, pero ratificó los fondos reservados y otorgó a la Side el monopolio de las escuchas telefónicas. Además, dispuso la creación de una comisión parlamentaria para el control del organismo, pero no funcionó en la práctica. A eso hay que agregar que durante la presidencia de Menem la Side fue inútil para evitar la voladura de la fábrica de Río Tercero, así como los atentados a la Amia y a la embajada de Israel. –¿Cómo puede afectar todo esto al escenario político en un año electoral? –Los historiadores no hacemos pronósticos pero podemos señalar tendencias. Si bien la sensibilidad democrática y republicana está instalada en amplios sectores sociales, me parece que el horizonte de expectativas económicas será un componente de insoslayable peso, a la hora de decidir el voto. –¿Puede afectar el caso Nisman al peronismo? –El peronismo tiene una cualidad sociológica extraña: puede ser oficialismo y oposición al mismo tiempo. Ello facilita su predominio en la escena política. Como contrapartida, la oposición no peronista aún no aprendió a construir frentes, es decir, coaliciones provistas de una conducción colectiva y enraizamiento territorial. La experiencia de Unen, al menos hasta el presente, pone al descubierto la debilidad de sus juegos cooperativos. –¿Desgasta esto a un modelo que se ha caracterizado por el retroceso de las recetas neoliberales? –A diferencia de Venezuela, en Argentina no se rompieron los consensos básicos. La defensa que hace la Presidenta de la Constitución de 1994 muestra una línea de continuidad con el ideario liberal republicano. Luego se puede ser consecuente o no con ese ideario, pero conceptualmente no es cuestionado. Estimo que el próximo gobierno deberá dar continuidad y profundizar algunos aspectos positivos, como por ejemplo convertir en primera ley vigente la Asignación Universal por Hijo, que hasta ahora es por decreto; garantizar umbrales mínimos de inclusión social, si quiere evitar el espectro de un nuevo 2001; y dotar de una mayor transparencia al ejercicio de la administración pública a través de la participación ciudadana y de mecanismos de control intra-estatales.

Zonas oscuras

Continuidad y cambio. "La historia no se repite. Pero se pueden identificar continuidades y cambios. El año 2003 abrió un ciclo que puede evaluarse positivamente en términos de inclusión social. Pero la impotencia o desinterés del Estado para evitar este tipo de crímenes, si efectivamente lo fue, desnuda un hilo conductor con lo más oscuro de nuestra historia reciente".

Por mejorar. "En lo económico, se podría aspirar a un sistema impositivo más progresivo y a un tipo de desarrollo que no repita el viejo esquema de la exportación de materias primas. Y en lo social, deberíamos lograr el despliegue de una ciudadanía participativa cuyo sustento no sean los subsidios, que reproducen, en definitiva, el statu quo y las relaciones de dominación".