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La admonición y la paciencia

Cristina no invocó la autoridad del incienso para razonar con lógica sino para trasladar su propia admonición a los demás.

21 de mayo de 2014 a las 12:01 a. m.
La admonición y la paciencia

La Presidenta recurrió ayer a una expresión del papa Francisco para explicar que la corrupción es una mancha de aceite, sin credo ni frontera. Si aplicara ese razonamiento a su gobierno estaría acaso en el umbral de un buen comienzo.

Pero Cristina no invocó la autoridad del incienso para razonar con lógica sino para trasladar su propia admonición a los demás. Con el camporista Julián Álvarez en primer plano, apuntó a los fiscales que quieren investigar a funcionarios actuales, en lugar de continuar escarbando en aquellos de Carlos Menem.

La proximidad provee sentido, suelen decir los maestros de gramática. Lo dicho por la Presidenta, en el Ministerio de Justicia, coincidió con la fuga al exterior de un testigo clave del caso Ciccone y el inicio del juicio al fiscal federal que se atrevió a investigar a Lázaro Báez, el huésped vasto del hotel Alto Calafate, propiedad de la 
jefa del Estado, allí donde el aceite no contagia.

José Capdevila, desde ayer exiliado, fue el funcionario que le advirtió en 2010 al entonces ministro de 
Economía, Amado Boudou, que estaba dejando riesgosas huellas digitales en la agonía de la imprenta Ciccone. Le sugirió que no firmara un pedido a la jefatura de la Afip con recomendaciones de clemencia para esa empresa, encargada de la impresión de papel moneda, en la que pronto apareció como autoridad Alejandro Vandenbroele. A la sazón, inquilino de Boudou en Puerto Madero.

A diferencia de Capdevila, el fiscal José María Campagnoli ha sido exiliado en su propio país. La jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó, no le perdonó la osadía de preguntar sobre Lázaro Báez. Está en las puertas de un jury de enjuiciamiento.

Cristina también afirmó ayer que seguirá poniéndoles paciencia a estas injurias.
Paciencia: forma menor de la desesperación, disfrazada de virtud, diría en este caso el viejo y amargo Ambrose Bierce.