Hay ciertos asuntos que se resuelven con sastre
Durante el año, los acuerdos de gobernabilidad que dio el peronismo nunca fueron gratuitos.
La última opinión de José Manuel de la Sota sobre los debates que sacudieron al Congreso nacional data del mes pasado. Dijo en Twitter que el rechazo a la reforma política en el Senado desconocía la demanda popular de transparencia electoral. Tras la aprobación del subsidio estatal a piqueteros y la media sanción de la reforma impositiva que acordaron, entre otros, Sergio Massa, Máximo Kirchner, Diego Bossio y Axel Kicillof, el exgobernador guardó silencio.Como Mauricio Macri disparó desde Córdoba contra Massa, Máximo Kirchner salió ayer en defensa de su novedosa alianza con el exjefe de Gabinete de su padre. Opinó que es injusto que a Massa lo acusen por alguna impostura. Y recordó, además, que su posición ha sido siempre en defensa de los trabajadores.Cercado por la ofensiva de Macri y el abrazo del kirchnerismo, Massa no ha quedado en la posición más cómoda. Tampoco De la Sota, quien no se pronunció todavía sobre el desempeño de sus legisladores afines, cuando semanas atrás no se privaba de opinar sobre carreras de galgos.Su principal socio político, el gobernador Juan Schiaretti, jugó en defensa de los intereses provinciales, que se verán afectados si el proyecto aprobado en Diputados pasa por el Senado sin cambios. Lo dicen sus opositores. "Visto desde nuestros intereses partidarios en Córdoba, tal vez nos hubiese gustado decir lo contrario. Pero la verdad es que Schiaretti actuó con responsabilidad", admitió en reserva uno de los operadores del macrismo en la Cámara Baja.Los gobernadores expondrán mañana ante el Senado, donde el primero entre pares es Miguel Pichetto. Los diputados liderados por Massa aprobaron más que unos cuantos cambios en el Impuesto a las Ganancias. Sancionaron toda una reforma impositiva, con el Poder Ejecutivo como convidado de piedra.El impacto de esa reforma en varios tributos es negativo para los estados provinciales, pero los referentes del peronismo le dieron prioridad al gesto político: reagruparse en el Congreso para marcar la cancha del año electoral inminente.Durante el año, los acuerdos de gobernabilidad que el peronismo territorial le concedió al gobierno de Macri nunca fueron gratuitos. Siempre cobró con recursos fiscales para las provincias. Y con la emergencia social, extendió la gestión de dividendos a varios de sus grupos de presión en la calleAhora se verá si además de ese drenaje está dispuesto a quitarle al gobierno de Macri toda la legitimidad política posible, hasta dejarlo en agonía. Es probable que ante esa prueba ácida de su declamada condición republicana el peronismo negocie. A cambio de nuevos recursos fiscales.El agobio de la ciudadanía ante ese comportamiento reflejo –tan previsible en el peronismo– es el principal recurso estratégico con el que aún cuenta Macri, a falta de mejor perspicacia táctica para enfrentar su condición minoritaria en el Parlamento.Es que persiste la incapacidad del peronismo para imaginarse otro camino que el de fingir divisiones para reunirse luego, con diferente vestuario, como si nada.Ciertos asuntos se resuelven con sastre, solía decir el periodista Manuel Jabois, sobre los bruscos virajes de la política española.Sólo en un caso esa pirueta institucional registra en Argentina un ejemplo más notorio: la Justicia. Con foto de Cristina Fernández y Dilma Rousseff, The New York Times recordó días atrás casos de gobernantes acusados de corrupción.El diario norteamericano sostiene que cuando la corrupción es sistémica, sólo la expansión en la sociedad de algunas "islas de honestidad" puede romper ese equilibrio donde siempre ganan los peores. Menciona el caso de los fiscales brasileños.En Argentina, ni Amado Boudou, procesado en junio de 2014 por el caso Ciccone, fue sometido aún a juicio oral. Y Margarita Stolbizer ahora vota con sus cómplices y protectores.

