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Franquicias del PJ, tras un Ubaldini en construcción

En 2002, se trabajaba por monedas. El desempleo ya era del 18 por ciento. El salario en blanco promediaba 373 dólares. En ese contexto, se impuso la doble indemnización por despido.

21 de abril de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Franquicias del PJ, tras un Ubaldini en construcción

La oposición al macrismo en el Congreso es meticulosa. Y detrás de una vidriera en la que aparece dispersa, actúa al unísono. Cambiemos no pudo disfrutar ni 24 horas del éxito conseguido por Alfonso Prat Gay en la penúltima etapa en la salida del default , al conseguir ofertas récord de interesados en prestar a tasas aún altas, pero más bajas que las esperadas. Los opositores dejarán que Macri avance hasta ese casillero: podrán acusarlo de haber "reinaugurado el endeudamiento" y dejar habilitada la chequera para un futuro gobierno, luego de un aislamiento financiero de 15 años que se autoestranguló en 2015.Un día después, el caballito de batalla de los opositores es la duplicación de la indemnización por despido, impulsada por gremialistas que sueñan con ser el Saúl Ubaldini de los próximos años. Las franquicias del peronismo no osarían dejar en banda a la columna vertebral (como en la década de 1980). El PJ la parte en dos o tres sólo cuando gobierna él.Eso sí, desenfundaron y dispararon casi sin apuntar. Nada que ver El 6 de enero de 2002, el Congreso había dado de baja nada menos que la Ley de Convertibilidad, en el marco de una ley de emergencia que otorgaba amplísimos poderes a Eduardo Duhalde, presidente desde cuatro días antes. Con ese poder delegado, Duhalde decretó la doble indemnización por despido, aduciendo que era necesario proteger el empleo. Fue pícaro. Para ese entonces, ya no había nada que proteger. El desempleo era del 18 por ciento, según el Indec. A fin de 2002, el salario en blanco promediaría 373 dólares, según la consultora M&S. Con esos salarios, ninguna fábrica temía la competencia de los importados. Y exportar era más fácil que nunca. Se trabajaba por monedas. En diciembre de 2002, Duhalde decretó un aumento por decreto: 30 pesos; 9 dólares. Es como si hoy Macri decretara una suba de 131 pesos.En semejante miseria, lo más barato del mundo eran la mano de obra en Argentina y la arena en Atacama. La doble indemnización era un sobrecosto inexistente, incapaz de complicar una inversión. Pese a todo, hubo quejas. No tanto al principio (iba a ser por tres meses) sino porque se mantuvo cinco años y medio, cuando el rebote económico y los precios internacionales ya habían hecho pum para arriba con los salarios. Estas normas se sabe cuándo se imponen, pero no cuándo se levantan.La situación no tiene nada que ver con la de hoy. La última medición de desempleo del Indec dio 5,9 por ciento. Y la consultora M&S había calculado para el tercer trimestre de 2015 un salario promedio en blanco de 1.516 dólares.La semana pasada, la consultora Abeceb, que periódicamente compara cuántos dólares cuesta producir una unidad de producto en varios países, ubicó a la Argentina en el puesto 25 entre 26. Sólo Brasil es más caro. China, pero también Estados Unidos, Japón y muchos europeos logran costos menores. Quietud del cementerio Argentina viene de una era completa de pésima intervención, que premió a sectores improductivos y castigó a los productivos. Eso es lo que no dio más y la llevó a desperdiciar la mejor coyuntura externa de su historia. Si quiere salir de esto, tiene que permitir alguna flexibilidad al sector privado para que se acomode e invierta.Pero las normas laborales impiden diferenciar salarios dentro de una empresa, de una actividad o de una región. Como los sueldos no se pueden adecuar, eso lleva a la eliminación o a la informalidad del empleo.Si esa válvula también se bloquea, la única variable de ajuste, en el fondo, seguirá siendo la devaluación del peso. Que reduce todos los salarios, abortando el reemplazo de los inviables por los viables. Garantía de pobreza.