Está volviendo a volver lo que nunca se fue
Macri no ha logrado reparar desigualdades regionales.
La verdad es que hubo mucho entusiasmo. Al principio. Se pensó que Cambiemos iba a revertir la exacción fiscal y financiera que sufren en forma creciente y desde hace décadas las provincias centrales del país, incluyendo el interior bonaerense, en beneficio del Gran Buenos Aires, ese monstruo que siempre alquila con algunas migajas a patagónicos y norteños, para no poner jamás en riesgo su colonización de todas las instituciones. Empezando, por supuesto, por el Congreso. Lo más evidente era empezar por desmontar los grotescos subsidios a los servicios. Pero poco a poco eso fue languideciendo. Hasta que volvimos a escuchar los fantásticos proyectos que planifica el Gobierno nacional para... el Área Metropolitana de Buenos Aires (Amba). Que se van a pagar con impuestos... nacionales. Y que van a seguir bajo jurisdicción... nacional. Aflojen con los trenes El presidente de Ferrocarriles Argentinos, Marcelo Orfila, dijo que la Nación va a invertir 14 mil millones de dólares en siete años (a plata de hoy, el doble del presupuesto anual de Córdoba) para renovar los vagones de pasajeros –¿otra vez? ¿no los había renovado Florencio Randazzo, también con plata de todos nosotros?–, eliminar todos los pasos a nivel, construir una nueva supermegaestación –¿dónde si no bajo el Obelisco?– y dejar una joya digna de Amsterdam en un país que sigue con caminos interiores africanos, con perdón del África.Nadie preguntó si van a aumentar los boletos para que esa infraestructura deje de ser pagada por los tamberos que no pueden sacar la leche cada vez que caen dos gotas. O si piensan comenzar a exigir que los pasajeros los paguen.Mauricio Macri le dio al interior, apenas asumió, la retención cero para un trigo que ya no se exportaba, una baja importante para el maíz y una baja modesta de cinco puntos para la soja. Y fue prácticamente asaltado por los gobernadores, en una maniobra que no equilibró las inequidades sino que les permitirá aumentar a todos en la misma proporción sus gastos públicos.Aunque es importante la voluntad de restituir un mínimo de realismo al precio de los servicios públicos, su política no tuvo hasta ahora un efecto de reparación de desigualdades regionales.Empezaron por la electricidad. En febrero, aumentaron el precio de la energía en sí, que impactó en todo el país aunque se frenó judicialmente sólo en el Amba hasta el fallo de la Corte de esta semana. O sea que en estos meses el interior fue para atrás.También aumentaron la tarifa de distribución para Edenor y Edesur (prestatarias del Amba que dependen de la Nación), pero a niveles que están aún muy por debajo de los que fueron autorizando desde hace ocho años. Es probable que el subsidio nacional a la distribución (exclusivo por una década para el Amba) continúe, aunque disminuido.Siguieron con la quita de subsidios al gas. Lo que está muy bien. Pero ese era el sistema menos desigual de todos, desde el punto de vista de que la única autoridad regulatoria es la Nación. No le queda otra que tratar por igual a granbonaerenses y kelpers. Al menos paguen el agua Pero de los subsidios más desequilibrados de todos, no hay noticias. El agua, por ejemplo. Porteños y conurbanistas tienen agua prácticamente gratis, porque los subsidios nacionales a Aguas y Servicios Sociedad Anónima –que depende de la Nación, mientras en todo el país ese servicio depende de provincias y municipios– son grotescos.En cuanto al transporte, los boletos del Amba siguen siendo, lejos, los más baratos, porque también en ese rubro la inequidad es rampante. A lo que se suma el caso perdido de ferrocarriles de pasajeros. Mientras tanto, las rutas –que necesitamos en el interior– siguen en la espera.De manera que, en general, se están tocando las tarifas de los sectores menos desequilibrados. Y en uno de esos casos, el de la luz, el ajuste hacia arriba se empezó a pagar desde antes en el interior. Es cruel el destino. Al final siempre vuelve a volver lo que nunca se fue.

