El juecismo y una difícil tarea de reconstrucción
La falta de autonomía política de juez es una de las resultantes de haber licuado el 60% obtenido en 2003, hasta el famélico 15% de 2015.
Antes de subirse al avión que lo depositó en Quito, Ecuador, Luis Juez le hizo saber a los principales referentes del Frente Cívico que el tiempo de su estadía como embajador dependerá de la voluntad del presidente Mauricio Macri. Esa falta de autonomía política –la primera desde la fundación de su espacio– es una de las resultantes de haber licuado aquel 60 por ciento de adhesión obtenido en la Capital en 2003, hasta el famélico 15 por ciento reflejado en la última contienda electoral municipal, hace apenas 11 meses.Aquella decisión de desobedecer a Macri, cegado por el objetivo de sacar del tablero a Ramón Mestre –a quien aborrece–, es hoy la cruz que lo tiene como espectador en lugar de protagonista de la escena política. Juez, con Macri presidente, sería hoy, probablemente, presidente provisorio del Senado. La alianza con Olga Riutort fue la peor decisión política de su vida. Lo admite. Semejante caída de apoyo del electorado en la Capital, principal bastión en el que Juez podía exhibir capital político, no es gratuita. Palabras como "reinvención", para definir el objetivo a mediano plazo que se propuso Juez en su aspiración de reinserción electoral, y "reconstrucción", para mitigar los efectos que tiene puertas adentro del Frente Cívico el trago amargo bebido en 2015, monopolizan el diccionario juecista por estos días. ¿Qué hay detrás de Juez? La autocrítica, que ahora con el líder afuera sí se atreven a exteriorizar algunos dirigentes, es unívoca: el personalismo con el que condujo su espacio fue un tapón para el despegue de los que venían abajo. Hoy, el fruto de esa falta de agua a la tierra es evidente: sólo un par de juecistas aparecen con posibilidades de proyección. La suerte de estos, a diferencia de lo que sucedió cuando Juez eclipsó a buena parte de la ciudadanía como una cuña necesaria al bipartidismo, aparece más esquiva.En el ámbito provincial, Daniel Juez –titular de bancada en la Unicameral– y Juan Pablo Quinteros son las únicas cartas en la baraja. El primero es dueño de un bajísimo perfil. Su responsabilidad está más puesta en el armado territorial que en el recinto. El segundo entrenó su voz crítica como vocal del Ersep. Y ahora la amplifica por el rol híper opositor que asume en la Legislatura. A nivel nacional, las alternativas son más acotadas. Ernesto Martínez es uno de los puntales de Federico Pinedo en el Senado, pero su reconocimiento es sólo interno. Y Walter Nostrala pasa inadvertido en su función de parlamentario del Parlasur. Entre sus virtudes, está la de ser el juecista con mejor vínculo con Nicolás Massot, la principal espada de Macri en la provincia.En octubre, Martínez seguramente renovará su cargo de presidente del partido. La mayor novedad será la escalada de Walter Gispert, hoy por hoy el principal dirigente del interior (sin gobierno), que acaba de romper con Esteban Avilés la alianza política en Villa Carlos Paz.En este contexto, el juecismo discutirá el año próximo con sus socios radicales y macristas de Cambiemos los lugares en la lista de diputados nacionales.Pretende, al menos, un puesto expectante entre los primeros cuatro. Juez sonó hace algunas semanas como contrafigura de peso a la segura candidatura de De la Sota. Tache esa posibilidad.

