El iluminismo opaco: a dos años de la renuncia de Scotto
La Universidad de la Reforma es del medioevo: sucede algo de lo que podríamos aprender y un poder decide que es mejor que no.
Hoy se cumplen, exactamente, dos años de la segunda renuncia más famosa en la módica historia de defecciones de la democracia cordobesa, coronada por la dimisión de Eduardo Angeloz a la gobernación, en 1995. Estamos hablando de Carolina Scotto, quien dejó su cargo de diputada nacional a los ocho meses y dos días de asumir. Había cubierto apenas el 15 por ciento de su mandato.Acá no hubo incendio ni déficit fiscal que destartalara a un gobierno como el de Angeloz. Sólo una lánguida y sorpresiva renuncia. La exbirrectora de la Universidad Nacional de Córdoba se despidió de la política con una no declaración. Atribuyó su renuncia a "razones estrictamente personales que afectan el pleno y adecuado desempeño de las responsabilidades inherentes a dicho cargo". Tremendo. Vacío. Gracias por no decir nada.Los laderos más cercanos de Scotto en la UNC sumaron palabras incapaces de engañar a un niño. "Carolina está acostumbrada a las tareas ejecutivas. No se sentía cómoda como legisladora, porque creía que no podía aportar nada útil desde su posición", decían off the record , por supuesto. O sea, Scotto descubrió a los 56 años que los cargos legislativos son legislativos. Y después de ser elegida.Pero lo más sorprendente es que, dos años después de su renuncia, ni siquiera quienes formaron parte de su núcleo militante en la UNC pueden explicarse por qué renunció. Ella nunca agregó nada en público. Sólo retomó sus clases en la Universidad. C'est tout. Degustaciones de sapos Hay algo particularmente bochornoso en esa opacidad. Hasta el muy parco Carlos "Lole" Reutemann fue capaz de dar al menos una pista sugerente, en 2002, tras rechazar la propuesta de ser candidato a presidente de la Nación que le acababa de hacer Eduardo Duhalde. "Vi algo que no me gustó y que no diré nunca", declaró entonces.Los presuntos herederos de la ilustración que se la pasan rezándole a Deodoro Roca en la UNC tuvieron que conformarse con mucho menos. Y eso que en la campaña se habían burlado de candidatos de otras listas que, daban por sentado, no iban a poder competir con Scotto –filósofa especializada nada menos que en filosofía del lenguaje– en las fintas parlamentarias que el Congreso presupone.Dos años después, la opacidad persiste. Da la sensación de que los scottistas prefirieron no preguntar en serio, ni antes ni ahora. Una verdad, un poquito de verdad, podría destartalar relatos parcializados construidos al costo de unas disonancias cognitivas y unas degustaciones de sapos que no se le desean a nadie.Es rara tanta vocación por el olvido de parte del grupo de poder político que más chapa de iluminista ha sacado en la historia de Córdoba. Hay en el silencio del scottismo universitario una renuncia a conocer; un deseo de ignorancia incompatible con la vocación de saber, que ese rincón siempre se atribuyó.No es sólo un deseo de ignorancia propia. Más grave: es la repentina falta de interés por iluminar a los demás, que contradice a la tradición de la cátedra. De golpe, la Universidad de la Reforma es del Medioevo: sucede algo de lo que podríamos aprender todos –la renuncia de Scotto– y, sin embargo, un poder decide que es mejor que no.Que no sepamos qué en el funcionamiento del poder político de una sociedad democrática llevó a la renuncia inexplicada de Scotto. Los monjes del claustro deciden que es mejor, para todos nosotros, no saber. Basta de extensión universitaria.Hay una perturbación extra. Al scottismo jamás se le cayó lo "colectivo" de la boca. Pero su líder se desvaneció en un individualismo con pocos precedentes.Hay un aforismo muy famoso en el Tractatus lógico-philosophicus, de Ludwig Wittgenstein, obra que Scotto conoce como pocas personas en Argentina, porque es especialista en ese filósofo, que dice: "Sobre lo que no podemos hablar, debemos guardar silencio". Ese enunciado tiene una primera parte, mucho menos conocida: "Todo lo que se deja decir, se deja decir claramente".De un modo misterioso, las dos frases vienen al caso.

