Efectos concretos en el mar de conjeturas posquirófano
Tres elementos se destacan: el incumplimiento en la información pública, el costo de encabezar un gobierno con un dirigente desprestigiado y el cambio del eje de campaña en los que personalizaban la crítica.
Una vez más, la política argentina tuvo que frenar para poner la mirada en un quirófano. Nunca un episodio relacionado con la salud de un presidente va a ser neutro en la actividad pública de cualquier país; mucho menos en un sistema hiperpresidencialista como el nuestro.En un mar de conjeturas, especulaciones, dudas y versiones de todo calibre, algunas certezas parecen emanar del episodio que obligó a Cristina Fernández a una intervención quirúrgica relativamente habitual y de favorable pronóstico. Información pública Una de ellas es que nuevamente se pone en el centro de la discusión lo acotada e imprecisa que es la información oficial en muchos campos, y en especial en el que hace a cuestiones clave de los gobernantes, que sin lugar a dudas son públicas. El cerrojo informativo ha caracterizado y caracteriza a gestiones de distinto signo y en diferentes niveles del Estado, pero el kirchnerismo –como en tantas otras cosas– ha exacerbado esa faceta. En Córdoba, no le vamos en zaga con la falta de precisión con la que se comunican actividades de los gobernantes, como por caso los viajes. Su astilla El otro elemento clave que arroja el obligado reposo es que la Presidenta debe asumir los costos de aquella decisión estrictamente personal de su compañero de fórmula. El binomio Cristina Fernández-Amado Boudou de 2011 fue el primero, desde el regreso a la democracia, que no surgió a partir de acuerdos hacia dentro del partido, concertación con otras fuerzas o procesos internos de votación. La decisión la tomó en soledad Cristina, que ahora es reemplazada por varias semanas en la titularidad del Ejecutivo por uno de los dirigentes con mayor imagen negativa del país.Junto con ello, hay otra cuestión de estricta responsabilidad de la jefa del Estado: ha reducido al límite, en especial después de la muerte de su esposo Néstor Kirchner, la mesa chica del poder. En manos de ese grupo (en el que están Carlos Zannini, Héctor Icazuriaga, Oscar Parrilli, Máximo Kirchner y no muchos más) estará en estas semanas la toma de las decisiones más importantes. Cambio de eje El tercer componente en la colección subdural crónica es que se da en plena campaña electoral, en el singular contexto en que el oficialismo nacional encaró el proceso hacia la renovación parcial del Parlamento con duras derrotas en los principales distritos del país. Sin todavía ninguna medición concreta, varios consultores nacionales anticiparon el pronóstico respecto de que el voto aparece bastante consolidado en la mayoría de las provincias, por lo cual –entienden– no habría modificaciones sustanciales de los comportamientos electorales, aunque sí puede darse un repunte importante en la imagen personal de la Presidenta. El traslado de ese eventual repunte a los candidatos K emerge como un interrogante.Lo que está claro es que las campañas cambiaron desde el sábado a la tardecita, cuando se conoció que Cristina Fernández debía estar fuera de actividad algunas semanas por cuestiones de salud.Los discursos de las fuerzas políticas que cabalgaban sobre las fuertes críticas a la gestión y a la actuación presidencial han encontrado el límite de que no se puede "pegar" a alguien que guarda reposo.En el caso de Córdoba, el problema más grande lo tiene el justicialismo, que tenía al propio gobernador José Manuel de la Sota al frente de la campaña acusando a Cristina de discriminar, atacar y despreciar a los cordobeses. En el comando de Unión por Córdoba reconocen que hay que hacer algún tipo de replanteo de la estrategia proselitista, aunque sin dejar de marcar las fuertes diferencias políticas. Así y todo, no está previsto desplazar a De la Sota como la figura central de la campaña.En tal sentido, sigue sorprendiendo que en una elección que lleva de candidatos a figuras de peso y trayectoria en las cabezas de las principales listas, como el caso de Juan Schiaretti y Oscar Aguad, no sean estos los protagonistas centrales de sus respectivas campañas.En ambos casos, aparece una fuerte presencia de otros candidatos de la boleta y de los jefes partidarios, De la Sota y Ramón Mestre.Mientras tanto, y vaya saber por cuánto, la política argentina estará signada por el escenario posquirúrgico.

