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Demasiados problemas para empezar de nuevo

El día posterior a la barbarie, los comerciantes vieron lejana una recuperación. Los créditos oficiales no convencen, en especial, a quienes lo perdieron todo.

06 de diciembre de 2013 a las 12:18 p. m.
Redacción La Voz
Demasiados problemas para empezar de nuevo
Sin retorno. La ferretería D’Todo, en la Donato Álvarez, cerrará sus puertas para siempre. Rubén (derecha) dice que el inmueble se demolerá (Martín Baez/La Voz).

El fuerte olor a quemado que se siente al caminar por las veredas de Donato Álvarez al 8300 es la prueba más primitiva y contundente de que la renovada tranquilidad de los barrios no solucionó el problema de quienes sufrieron los saqueos.

Los policías volvieron a las calles, los robos y el vandalismo pasaron, pero la vuelta de la paz social contrasta con la situación de despojo y la sensación de haberlo perdido todo que aún atraviesan los comerciantes.

Un día después de que en la ciudad de Córdoba el hombre se convirtiera en el lobo del hombre, los comerciantes afectados no se recuperan. No se van a recuperar tan fácil. En algunos casos, tal vez nunca lo hagan.

Cerrado por siempre

La vida de Rubén López, dueño de la ferretería Casa D’Todo, ya no será la misma. Tampoco la de sus cinco empleados, con sus respectivas cinco familias.

Rubén perdió todo. Todo. No sólo le robaron los bienes que tenía dentro del negocio. No bastó con eso. Luego del saqueo, vino el fuego intencional: las llamas quemaron no sólo la poca mercadería que quedaba, sino también el inmueble, que era en parte propio y en parte alquilado. “El inmueble no sirve más. Está rajado, a punto de derrumbarse. Hay que voltearlo”, asegura afligido.

Ya decidió que no volverá a abrir la ferretería. No sólo por el esfuerzo personal y económico que significaría comenzar de cero el mismo negocio que empezó hace años y que creció con el trabajo incansable propio y de sus colaboradores. Hay una razón de tipo anímica, subjetiva, moral. “Vi cómo mis propios clientes me robaban, no se puede volver de eso”, dice.

Pero no todo es lamento: el humor volvió gracias a esa extraña y sana capacidad humana de reírse de la desgracia. Los chistes negros se repetían mientras él, sus empleados y personas que se acercaron a dar una mano vaciaban de restos un inmueble resquebrajado.

La historia de Rubén es una historia mínima para las estadísticas, pero es la historia de su vida y también la de quienes están cerca. “No me dedico más a la ferretería, pero sé que dejo en banda a cinco familias”, se lamenta con la cara y los brazos llenos de hollín.

Rubén tiene una ilusión: demoler el inmueble quemado y construir un local para alquilar. Y también, una certeza: demandar a la Provincia por los daños sufridos. “Le voy a hacer juicio al Estado. Tenía seguro contra incendio, pero no cubre en casos de vandalismo”, asegura, y cuenta que ya habló con tres abogados.

¿No le interesan los créditos que el Gobierno anunció? “No es un crédito, es un chiste de Cacho Buenaventura”, ilustra Rubén. Y dice que lo que perdió, incluido el valor del inmueble, suma varios millones.

Casi al frente, luce cerrado y totalmente quemado el local de Minicuotas Ribeiro, otro de los que se quedó sin nada.

Sólo hay deudas

Un poco más adelante, el negocio Aries está vacío y con los vidrios rotos. No queda nada: se llevaron hasta los muebles que tenían en consignación.

Allí tres mujeres baldeaban ayer el piso testigo de la barbarie y limpiaban las pocas estanterías –vacías y rotas– que quedaron. “No sabemos qué va a pasar, si el dueño va a volver a abrir o si va a cerrar”, cuenta Marcela con la angustia de estar cerca de perder el trabajo que desempeña hace cinco años. Los daños fueron inmensos. No sólo se llevaron todos los artículos de librería y juguetería. También el gran extra que habían comprado para Navidad.

“Teníamos toda la mercadería para las fiestas. Todavía no estaba pagada. Ahora sólo tenemos deudas. Mañana se vence una de las cuotas”, cuenta Marcela, para señalar la ironía de la situación.

No son los únicos. A pocos metros, los propietarios de lo que hasta el martes fueron una colchonería y una farmacia están desolados. No va a ser fácil encontrarle una explicación a lo que pasó y recuperarse para afrontar lo que viene.