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De patio en patio, en una larga celebración con la propia tropa

Aunque el acto estaba anunciado para las siete de la tarde, los ingresos a la Casa Rosada colapsaron un par de horas antes. 

23 de enero de 2014 a las 12:01 a. m.
De patio en patio, en una larga celebración con la propia tropa

Aunque el acto estaba anunciado para las siete de la tarde, los ingresos a la Casa Rosada colapsaron un par de horas antes.

Sobre la calle Balcarce, frente a la Plaza de Mayo, se alineó una larga cola de militantes a la espera de que algún padrino político lograra liberar el ingreso. De las rejas colgaban banderas naranjas de “Unidos y Organizados”, otra roja y negra de la JP Evita, la verde de Kolina, una roja de Miles (Luis D’Elía), celeste y negro de Nuevo Encuentro, azul y blanco de La Cámpora. Kirchnerismo multicolor.

Dentro de la Casa Rosada, el caos apenas fue menor. Los custodios trabajaron a destajo y hasta los granaderos perdieron su habitual postura pétrea para orientar a los invitados que no sabían cómo llegar al Salón de la Mujeres.

En trencito, los diputados Fernando “Chino” Navarro y Diana Conti, junto al sindicalista Hugo Yasky, no daban con el pasillo correcto.

“Por allí”, le indicó un custodio a Esther Goris. “¿Se va antes de que empiece el acto?”, le preguntó este diario. “No. Es que no sé cómo llegar al baño”, confesó apurada la actriz para perderse por una escalera.

A las 19.06 los gritos anunciaron la aparición de la Presidenta. “¡Vengo bancando este proyecto…!”, corearon los militantes.

Cristina Fernández, al igual que a mediados de noviembre, después de ser operada, dejó el Salón de la Mujeres para iniciar un recorrido por el edificio.

Primero se dirigió al balcón que da al patio de los Patriotas Latinoamericanos, donde le acercaron un micrófono y habló durante nueve minutos a los militantes agolpados. Allí instó a los jóvenes “a trabajar con la gente”.

“Sí, he tenido problemas”, admitió también, justificando acaso sus contadas presencias públicas desde su intervención a principios de octubre. La próxima estación fue otro balcón, el que se asoma al patio de las Malvinas. “Veo algunos con las patas en la fuente”, dijo. Aquí habló otros diez minutos, comentando con humor que andaba con “abstinencia discursiva”.

“Hemos construido una juventud con alegría, con amor, sí, con amor a la patria. Sigan conservando la alegría, así son invencibles”, concluyó la mandataria en su reaparición pública.