Cuáles fueron las claves de la ola Schiaretti
Los capitalinos lo dijeron con todas las letras: quieren que se replique en la ciudad de Córdoba la forma de administrar que lleva adelante Schiaretti en la Provincia.
El gobernador Juan Schiaretti seguirá gobernando la provincia de Córdoba. Sólo resta saber cuál será la diferencia. Si ingresará en la historia, por lo abultado de los números obtenidos, o si los guarismos lo ubicarán cerca de la mejor marca peronista desde la restauración democrática, la cosecha de José Manuel de la Sota en su reelección de 2003 (51,8%).
Pero más allá de las cifras, lo que nadie podrá negar es la contundencia de la victoria de Schiaretti.
El triunfo está cimentado en dos grandes variables que fueron determinantes: la gestión del gobernador, con porcentajes de aprobación por encima del 70 por ciento, y el desenlace –ahora se confirma que será catastrófico– que tuvo la feroz interna que devoró de forma fatal a Cambiemos en Córdoba.
El plan de obras que Schiaretti trazó e inauguró al compás de lo que requería la campaña fue valorado por el electorado. El análisis fino de los números, cuando estén disponibles, ayudará a determinar qué obras traccionaron más y adónde.
Las gestiones pueden impulsar hacia arriba o tirar para atrás a los candidatos. En la misma magnitud. La cara opuesta de la elección de Schiaretti se refleja en la magra cosecha que se augura para Ramón Mestre. El intendente capitalino parece encaminarse a revivir un mensaje categórico de lo que los cordobeses de la Capital opinan de sus siete años de gestión.
Los capitalinos dijeron con todas las letras: quieren que se replique en la ciudad de Córdoba la forma de administrar que lleva adelante Schiaretti en la Provincia. Al menos, quieren probarlo. Martín Llaryora será el encargado de llevar adelante ese ejercicio.
El otro factor clave para inclinar la elección fue el infierno internista que terminó por autodestruir a los socios de Cambiemos. La elección estuvo resuelta de antemano. Y eso destruyó los lazos de la dirigencia opositora en el interior. Los tejidos políticos llevan años en construirse, pero pueden destruirse en segundos.
Esta tarea, la de la reconstrucción, consumirá los esfuerzos de los opositores. Del otro lado, Schiaretti, tiene el campo asfaltado para iniciar su transición en el mejor escenario imaginado. Nadie puede sorprenderse de este desenlace.

