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Cristina en modo víctima

La Presidenta está mostrando que tiene dos estilos básicos: el “modo sobrador” y el “modo víctima”.

05 de septiembre de 2013 a las 01:32 p. m.
Redacción La Voz
Cristina en modo víctima

La Presidenta está mostrando que tiene dos estilos básicos: el "modo sobrador" y el "modo víctima". Conocemos más el primero. Por una razón simple. El kirchnerismo llegó a la Casa Rosada cuando sus antecesores ya habían hecho los trabajos sucios: habían devaluado y los argentinos aceptaban trabajar por 200 dólares al mes; habían "defaulteado" y el Estado no pagaba su deuda; la inflación en 2002 había licuado el gasto público. Encima, justo ahí empezó la "era del yuyo", como llama Eduardo Levy Yeyati a la década extraordinaria de las commodities .Los que sabían –Roberto Lavagna, por ejemplo, pero también muchísimos más– advirtieron a los Kirchner que esa era una oportunidad sin precedentes para forjar una economía más productiva y una política más sólida. Y que para eso no había que gobernar sólo para el corto plazo, sino también para el largo plazo.No escucharon. De hecho, Lavagna se fue cuando Néstor se negó a descongelar las tarifas de servicios públicos, cuyo subsidio es hoy el principal agujero del imparable déficit fiscal. En cada área pasó lo mismo. Nadando en el rebote, los Kirchner se dedicaron a gobernar para las siguientes elecciones. Los dominó su instinto hegemonista; primero, vía sucesión intramatrimonial infinita y, luego –sin Néstor–, vía reforma constitucional. Años dorados. Sobraba plata. Néstor y Cristina pudieron mandar en lugar de gobernar. Chicanearon con soberbia desde el atril. Para que no creciera ni el pasto debajo de ellos. Obvio: el modo predominante era el "sobrador": "Si no les gusta, ganen las elecciones", dijo ella en 2011. A eso nos acostumbramos.Ahora, Cristina Fernández se ha encontrado de frente con el largo plazo que tantos le habían profetizado. No hay más colchones fiscales, la inflación se comió la competitividad, las reservas caen, el default no está solucionado, la infraestructura se desvencijó y el déficit energético mastica dólares. Y todo parece salirle mal. Bajar del pedestal es virtud de pocos. En lugar de eso, la Presidenta empezó a funcionar en "modo víctima". Que tal vez vaya a ser el estilo predominante en los dos años de gobierno que le quedan. Porque, cuando llega, al largo plazo no hay con qué darle, si uno no se preparó antes. Mauricio Macri –que será cualquier cosa, pero, ante todo, debería aprender a expresar mejor sus ideas, si quiere ser presidente– le acaba de regalar a la Presidenta el título de este nuevo capítulo del relato K: "Círculo rojo".Los editores del poder K lo adoptarán. Cristina ya lo hizo. Está menos gastado que "golpe de mercado" o "facciones destituyentes". Y tiene reminiscencias más conspirativas, tipo "sabios de Sión". "Círculo rojo" sirve para degradar como complotados a los opositores divididos que –mal o bien, pero obedeciendo la sorna presidencial– le acaban de ganar las elecciones.Sin embargo, los servicios de inteligencia no podrán hallar en el núcleo del "círculo rojo" más que a "conjurados" como Lavagna, tipos que advertían desde hace años, y en público, sobre el largo plazo cada vez más cercano.A ellos se sumarán, como siempre, los acomodaticios, aplaudidores, demagogos natos, que disfrutaron el largo cortoplacismo K y ahora están dejando sola a la Presidenta, ante un futuro que ya llegó. Esos son los peores. Y no tiene mucho sentido plantarles micrófonos para identificarlos: Cristina ya los conoce muy bien.