Cortinas metálicas que no aplacan el miedo
Una larga fila de zapatillas sin sus respectivos pares, que no serán usadas jamás por nadie, es lo poco que quedó en Dexter.
En el local de la avenida Fuerza Aérea Argentina, los empleados limpian el caos y ordenan lo poco que dejó la jornada de barbarie. “Vinieron, rompieron los vidrios y se llevaron todo en media hora”, cuenta Lilian, la encargada del local.
Lilian no sale de su asombro. Apenas puede abrir del todo los ojos que están un poco rojos de cansancio. No pudo dormir anoche: recordaba cómo habían sido los robos que presenció. “No fue necesidad, fue oportunismo. Había ladrones y también personas que debutaron. Vinieron en motos, autos alta gama y camionetas 4x4”, cuenta. Tenían contratados adicionales de la policía. Pero claro, se negaron a trabajar durante el lapso que duraron el paro y los saqueos.
Los empleados, aun desconcertados, aseguran que el Gobierno los dejó solos, pero rescatan la solidaridad de los vecinos. Una familia de la zona ayudó a limpiar el lugar. Un grupo de jóvenes misioneros de una iglesia cercana también se hicieron presentes, con escobas y bolsas, y levantaron los restos del saqueo.
No son pocos los vecinos que todavía se acercan para dejar la mercadería que encontraron en la calle. “Casi todas zapatillas sueltas”, dice Lilian.
Un alambrado caro
Mientras cuentan lo que fue y lo que sigue siendo, llega Aldo Ciriacci, empleado de Megaport, para tomar medidas. Tiene que hacer el presupuesto de lo que será una enorme cortina metálica. El local ya no lucirá a pura vidriera. “Se intensificaron los pedidos”, cuenta Ciriacci.
“Poner cortinas metálicas va a costarnos alrededor de 200 mil pesos”, estima la encargada.
Sin embargo, esa cárcel que encierra mercadería no es suficiente para calmar los temores que quedan. “Tenemos miedo de lo que pueda suceder los días previos a la Navidad. Después de los saqueos, tenemos miedo de que un grupo se vuelva a organizar y hagan de nuevo lo que hicieron”, dice Lilian.
De todas formas, el plan es abrir de nuevo. “Hubo mucho daño, pero estamos rearmando el local como si fuera una apertura nueva”, asegura la encargada.

