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Con diferencias estrechas, sin margen para dudas

Ninguna de las sospechas resiste el escrutinio definitivo. El gobierno es quien debe dar las certezas que no dejen dudas.

07 de agosto de 2019 a las 12:01 a. m.
Con diferencias estrechas, sin margen para dudas

Las críticas de la oposición a la contratación de la empresa Smartmatic por parte del Gobierno nacional fueron creciendo a medida que las encuestas coincidieron en señalar que se estaban achicando las distancias entre el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, y la fórmula que encabeza el presidente Mauricio Macri.

Hace dos semanas que ocurren ambas cosas, y ayer –a cinco días de la elección– el kirchnerismo llegó a pedir a la Justicia el apartamiento de la firma que fue contratada para acelerar los tiempos de la carga de datos y garantizar la transparencia de ese conteo provisorio. Antes, hubo otros requerimientos de procedimiento que ya fueron atendidos por la Justicia.

Así, primero se fijaron normas para la fiscalización de los telegramas antes de ser digitalizados y transmitidos para la carga de datos. Y ayer, aunque sin resolver el amparo ni apartar a Smartmatic, la Cámara Nacional Electoral también receptó el pedido opositor: la demora en la entrega del software a todas las fuerzas políticas es un hecho concreto y el Gobierno prometió cumplir hoy antes de las 13.30 con ese requisito que debe cumplirse 30 días antes de la elección.

El macrismo –en la edición de hoy lo explicita con otras palabras el candidato a vicepresidente, Miguel Ángel Pichetto– adjudica los planteos a una simple especulación política: sostiene que el kirchnerismo conspira contra el escrutinio al desacreditar a Smartmatic y que planea culpar al conteo provisorio por un resultado que puede ser diferente al que esperan.

El razonamiento entre los seguidores de Cristina Fernández es que el Gobierno planea manipular la difusión de los datos, de modo de instalar tempranamente la certeza de un triunfo.

Ninguna de ambas tesis resiste el escrutinio definitivo, que finalmente computará los datos de las actas que hacen las autoridades de cada mesa.

Ambas, además, juegan con fuego: en una elección polarizada y que puede definirse por escaso margen, es riesgoso en extremo poner en duda la transparencia. Es el Gobierno el que tiene en sus manos las herramientas para despejar cualquier sospecha.