Claudia Rucci, sobre De la Sota: La unidad nacional, su obsesión
Hablaba con la autoridad que le daba su vasta experiencia en la política y la gestión de gobierno. Pero escuchaba atentamente a cada uno de sus interlocutores, prestaba sincera atención a sus opiniones.
Es muy común escuchar la frase “en política no hay amigos, sólo intereses...”. De hecho, me pasó muchas veces compartir proyectos, propuestas, bloques, listas, con quienes reconozco haber establecido meras “relaciones políticas”, limitadas al trabajo en común.
A medida que fuimos construyendo una relación política con José –basada en mi enorme respeto, admiración y reconocimiento de que estaba junto a un dirigente de una envergadura mayor a la habitual en nuestra política–, me fui sintiendo su amiga.
- Canal especial. Todo lo publicado sobre la muerte de José Manuel de la Sota
No establecía su relación sólo con base en un obsesivo y limitado interés en el análisis, el cálculo, las tácticas y estrategias relacionadas a la actividad. Hablábamos de nuestras familias, de los hijos, de nuestros objetivos personales, de música, de viajes, de la vida...
Hablaba con la autoridad que le daba su vasta experiencia en la política y la gestión de gobierno. Pero escuchaba atentamente a cada uno de sus interlocutores, prestaba sincera atención a sus opiniones.
Corregía las visiones erradas con firmeza, pero con respeto y una gran predisposición a persuadir, a convencer, a enseñar...
No agredía, no atacaba, no injuriaba.
Sí tenía una obsesión: la unidad nacional.
Estaba convencido de que las divisiones fanáticas e irracionales no permitían iniciar el camino de la Argentina del futuro.
Con su partida, nuestro país pierde a un dirigente con una visión estratégica no común en nuestra clase política.
Yo siento, además, haber perdido un amigo.
*Excompañera de fórmula de De la Sota

