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Política

Cambio parcial o cambio total: la elección bisagra de Córdoba

Córdoba elige a su quinto gobernador en cuatro décadas. Llaryora afronta el máximo desafío de mantener la hegemonía oficialista y renovar el liderazgo peronista. Juez pone a prueba la necesidad de alternancia.

25 de junio de 2023, 00:01
Cambio parcial o cambio total: la elección bisagra de Córdoba
La hora de las urnas. Ilustración de Juan Delfini

Córdoba define este domingo si el ciclo político que comenzará el 10 de diciembre será de cambio parcial o de cambio total. Ese día concluirá el período liderado por la sociedad política más sólida y estable de la historia mediterránea: el peronismo cordobesista que desde 1999 condujeron José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti.

Es, sin dudas, una elección histórica. Una bisagra hacia el partido cordobés que está proponiendo para la continuidad Martín Llaryora. O un quiebre hacia el cambio rotundo que procura Luis Juez desde Juntos por el Cambio.

Ambos apelaron al radicalismo: será la primera vez que ambas fórmulas mayoritarias estén lideradas por peronistas y secundadas por radicales.

Martín Llaryora, Luis Juez, Liliana Olivero, Federico Alesandri,  Aurelio García Elorrio, Mario Peral, Agustín Spaccesi, Fernando Schule, Rodilfo Eiben, Patricia Bon y Julia Di Santi, candidatos a gobernador de Córdoba.  (Fotomontaje La Voz)
Martín Llaryora, Luis Juez, Liliana Olivero, Federico Alesandri, Aurelio García Elorrio, Mario Peral, Agustín Spaccesi, Fernando Schule, Rodilfo Eiben, Patricia Bon y Julia Di Santi, candidatos a gobernador de Córdoba. (Fotomontaje La Voz) (La Voz)

El quinto

En 40 años de estabilidad democrática, hubo apenas cuatro gobernadores en Córdoba. Este domingo se decide si el quinto será Llaryora o Juez. Es probable que ninguno de ambos pueda considerarse ganador –y que ninguno admita la derrota– hasta que esté avanzado el escrutinio.

Entre las muchas particularidades de esta elección, está el hecho de que ninguna fuerza minoritaria tuvo en ningún momento perspectivas de irrupción como tercera fuerza, y que ninguna de las dos coaliciones mayoritarias cerró con el convencimiento de un triunfo contundente.

Son muchas más las particularidades de esta elección. La más notable es que los dos candidatos que concentran las máximas posibilidades de resultar elegidos surgieron en el mismo espacio y del mismo modo: ambos desafiaron al poder bicéfalo de De la Sota y Schiaretti.

Juez lo hizo con un portazo en 2002 y convirtiéndose en el portador de un discurso cambiante en lo partidario, oscilante en lo ideológico, pero siempre furiosamente opositor de aquel peronismo que lo expulsó.

Llaryora edificó desde adentro y gestionando un liderazgo político que terminó de imponer desde la Intendencia de Córdoba, pese a provenir del límite más extremo del este provincial.

Ambos fueron los adversarios perfectos durante toda la campaña: opuestos en los gestos, en la forma de construcción y en el modo de confrontar. Terminaron polarizando contra la voluntad del oficialismo provincial y muy posiblemente también terminen este domingo dirimiendo la disputa dentro de los límites de Córdoba Capital, la ciudad que ambos gobernaron. Buena parte del resultado surgirá del cotejo de las gestiones municipales de Juez y Llaryora.

El gobernador y precandidato presidencial Juan Schiaretti junto con Martín Llaryora en La Falda.
El gobernador y precandidato presidencial Juan Schiaretti junto con Martín Llaryora en La Falda. (Prensa Hacemos Unidos por Córdoba)

Ese factor alimenta el optimismo oficialista. Por primera vez, el peronismo cordobés está fortalecido en la Capital: ese es el aporte de la adminsitración municipal de Llaryora. Llegó justo en el momento en que comenzó a ceder la sostenida fortaleza que construyeron De la Sota y Schiaretti en el interior provicial. En ese rebalanceo territorial se define la elección de este domingo.

Es Llaryora quien afronta el máximo desafío de la jornada. El peronismo cordobés cumple 24 años en el poder y es el encargado de mantenerlo en ese sitial. Para hacerlo, también balanceó la defensa de las áreas neurálgicas de la gestión de Schiaretti, pero planteó la necesidad de hacer cambios profundos en seguridad, educación y salud.

Si lo logra, encarnará una inmediata renovación y pondrá en pista de manera muy rápida el partido cordobés que imagina como evolución de Hacemos Unidos por Córdoba.

El cambio virulento

La expectativa que logró generar Juez se vincula mayormente a esos 24 años del peronismo en el poder. A tal punto llegó la virulencia del discurso juecista que cerró su campaña en Río Cuarto diciendo que fueron “24 años de nada”. La campaña en Córdoba la cerró insultando.

Juez y De Loredo encabezaron un acto con los candidatos a intendente de Juntos por el Cambio del interior provincial. (Prensa Luis Juez)
Juez y De Loredo encabezaron un acto con los candidatos a intendente de Juntos por el Cambio del interior provincial. (Prensa Luis Juez) (Prensa Luis Juez)

La dirigencia nacional de Juntos por el Cambio pasó años elogiando las gestiones de Schiaretti y los niveles de aprobación de las últimas dos gestiones fueron altos, pero Juez hasta transformó en un disvalor que la Provincia haya priorizado las obras públicas.

Con tal de no debatir con Juez, el schiarettismo no encarnó una defensa contundente de la infraestructura que concretó en estas dos décadas. ¿La dureza del discurso es más potente que las obras que hace cuatro años llevaron a Schiaretti a ser el gobernador más votado? Hasta que se cuenten los votos, todas las conclusiones serán anticipadas.

Más allá de los candidatos, del modo en que se desempeñaron en las muchas funciones públicas que tuvieron hasta el momento y de las propuestas que plantearon, hay tres factores de incidencia determinante en la elección de este domingo.

El primero es la unidad de Juntos por el Cambio, un mérito atribuible en primer lugar a Juez y una verdadera novedad para la coalición política opositora.

El segundo es la incidencia de la precandidatura presidencial, que ayer formalizó Juan Schiaretti, en el proceso electoral provincial. El peronismo cordobés tenía como regla despegar las elecciones locales de las nacionales y esa fue una obsesión de Llaryora, quien pretendía anticipar mucho más la votación provincial, además de hacerla simultánea con la municipal.

Schiaretti terminó mezclando ambas discusiones con su fallido intento de constituir un “frente de frentes” con la UCR nacional y Horacio Rodríguez Larreta. Para saber cuánto impactó ese proceso en la elección provincial, también hay que contar los votos.

El tercer factor es el más determinante de todos, porque es el más importante de la democracia. ¿Qué priorizarán los votantes a la hora de pensar en el futuro? ¿Cuántos preferirán no votar y elevar la creciente caída que acumula la participarción electoral? ¿Cuánto querrán conservar y cuánto decidirán cambiar?

¿Cómo se expresará este domingo la apatía que dominó la campaña y cuál será la vía para canalizar el enojo que surge de la impotencia generalizada de los argentinos? Hoy no sólo hay que contar los votos: hay que contar los votantes.