Calles sin efectivos, locales robados y vecinos armados
Caída la noche, la Capital seguía sin patrullaje. Se repetían robos y vecinos decidían cuidarse solos.
"Si los policías no están, ¿quién nos cuida? ¿El Eter? Si el Eter cuida a los híper. A nosotros, nadie nos cuida. A mí me va a cuidar 'esta'", dice Raúl, un almacenero de barrio Alberdi, mientras señala una pistola 22. El mayor temor anoche, además de los saqueos y robos que se registraban en Capital era que muchos vecinos y comerciantes estaban armados, dispuestos a defenderse a cualquier precio, sea como fuere. Ese temor lo tenían anoche también varios jefes policiales y algunos fiscales: el miedo de que anoche y en la madrugada de hoy, algunos decidieran protegerse por su cuenta, con el enorme riesgo que eso implica. Si este año, con la Policía actuando normalmente, hubo muchos casos de justicia por mano propia, ¿qué podía ocurrir anoche sin ningún móvil en las calles?Al tiempo que la oscuridad todo lo cubría en vastos sectores de la Capital, crecía el temor de los pequeños comerciantes y vecinos que veían cómo los patrulleros habían desaparecido por completo de las calles. Si por lo general, es difícil ver a móviles del CAP patrullando en los barrios (ya que por lo general lo hacen sólo en avenidas, con las balizas encendidas), ayer sobraban los dedos de las manos para contabilizar algunos móviles. Si había algún patrullero dando vueltas, era conducido por jefes de compañía, de comisaría o distrito. Sólo había 80 oficiales del Eter para cuidar las calles, en móviles negros, y el helicóptero policial desde el aire hasta que la reserva de combustible dijera basta. Ni la Guardia de Infantería trabajaba. Prácticamente todos los uniformados de las principales reparticiones de la fuerza (la "juanada"), con el CAP a la cabeza, se habían sumado a la huelga en la base de barrio Cerveceros. También había oficiales de Caminera. Mientras, se repetían saqueos y robos a comercios. En varios barrios se escuchaban disparos. Nadie sabía si eran por robos o peleas callejeras.El número de acuartelados era impreciso. "Somos 5.000", decía un policía, sin insignia. "Vamos a ser 7.000", respondía otro. A su lado, miraban dos guardiacárceles. A la protesta se empezaron a sumar penitenciarios. "Que vengan los 'carteludos' del Eter a la protesta", arengaba una mujer. En la base del CAP los móviles yacían parados. Nadie podía usar los baños, tapados con líquidos cloacales. Los efectivos estaban con sus mujeres e hijos. Comían viandas, tomaban gaseosa, acababan paquetes de cigarrillos, llevaban rostros sin dormir. Los esperaba una larga noche.
Caos en Urgencias
Noche trágica. En el Hospital de Urgencias las salas de atención fueron un caos durante la madrugada. Hubo numerosos heridos, en algunos casos por enfrentamientos entre vecinos y saqueadores.

