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Al peronismo también le cuesta creerlo

El triunfo se daba por descontado en Hacemos por Córdoba, pero la magnitud de los números que arrojan los sondeos a boca de urna sorprendieron al oficialismo tanto como a la oposición. Si se confirman esos guarismos, Schiaretti llegaría a su tercer mandato con un récord y el peronismo recuperaría la Capital después de 20 años.

12 de mayo de 2019 a las 08:19 p. m.
Al peronismo también le cuesta creerlo
SCHIARETTI. Al votar este domingo. (José Hernández/La Voz)

Hace meses que el peronismo cordobés considera como un hecho el triunfo de Juan Schiaretti. Eso nunca estuvo en duda, en ningún momento de la campaña electoral y en ningún sondeo de opinión. Pero ni los más optimistas esperaban guarismos como los que muestran los sondeos a boca de urna que conocemos antes de que comiencen a contarse los votos.

Si se confirman esos datos, Schiaretti asumirá su tercer mandato con un récord y el peronismo festejará sus 20 años en el poder con el mayor respaldo de toda su historia.

Además, lo hará recuperando el poder después de 20 años en la ciudad de Córdoba. La diferencia que los sondeos le asignan a Martín Llaryora en la Capital es muy inferior a la que Schiaretti registra a nivel provincial, pero es suficiente para que el resultado se imponga sobre las muchas objeciones que sus adversarios –Luis Juez y Rodrigo de Loredo– plantean por la incidencia de la boleta única en el resultado de la oposición.

Si los números del escrutinio provisorio se parecen a los de los sondeos a boca de urna, además, Hacemos por Córdoba se habrá impuesto en todos los departamentos y controlará la Legislatura aún con mayor rigor.

Además, a fin de año es muy posible que el peronismo domine las 10 ciudades más grandes de la provincia. El avance sobre ciudades pequeñas y pueblos también será notorio: comenzó el 14 de abril y se confirmaría con los datos de hoy.

Ese momento de fortaleza inédita del peronismo es simultáneo a una crisis histórica de la oposición: los datos de los sondeos a boca de urna anuncian un golpe para Mario Negri y para la Casa Rosada, pero una derrota más devastadora para Ramón Mestre, que, además de llevar al radicalismo a perder el control de la Capital, tendrá que hacer enormes esfuerzos por conservar su lugar de referente radical.