Agujeros negros en la ciudad
La campaña municipal sorprende no tanto por innovadora como por inconsistente. Se lanzan megapromesas sin precisiones mínimas. Y se ignoran los fracasos continuados de ya demasiadas gestiones.
Quedan dos semanas para escuchar publicidades de candidatos a intendente de la ciudad de Córdoba. Catorce días para asistir a una costosísima competencia de promesas que a menudo llega a sorprender no tanto por innovadora como por inconsistente: es difícil imaginar cómo harán para cumplir lo que prometen y es ineludible preguntarse de dónde sacan varios de ellos los millonarios recursos que están destinando a sus campañas.
Para ninguna de ambas inquietudes hay respuestas.
En estos días, es posible escuchar megaproyectos de nudos viales para una ciudad que hace años que no tapa sus baches de modo eficiente. Hay candidatos que dicen que dotar a todos los barrios de cloacas es pan comido, mientras los líquidos siguen fluyendo por las calles. Y hay verdaderos agujeros negros tanto en la ciudad como en la campaña: fracasos reiterados y compartidos por varias gestiones cuyos titulares quieren volver a ser intendente. Por ejemplo:
La sede del Concejo. Es el símbolo de la sinrazón municipal: luego de que en 2005 se incendiaran las oficinas alquiladas donde funcionaba el Concejo Deliberante, se inició la construcción de un edificio propio que, además, sería la punta de lanza para revivir un sector urbano deprimido como el ex-Abasto. Al cabo de tres gestiones municipales (Luis Juez, Daniel Giacomino y Ramón Mestre), ese edificio está paralizado, no se sabe a ciencia cierta si las fallas constructivas que tiene son remediables o no, y las valiosas tierras que lo rodean fueron entregadas a una empresa que nunca terminó la obra. Lo que quedan son juicios cruzados y abandono, mientras la ciudad sigue pagando un costoso alquiler para el Concejo.
El teatro Comedia. Va sin prisa y sin pausa tras los pasos del Concejo: un incendio lo consumió en 2007 y desde entonces se sucedieron las promesas de reconstrucción y se fueron ampliando los proyectos. Mestre anunció que estaría listo en 2013, luego en 2014 y, más tarde, en 2015. Pero hoy la obra sigue inconclusa.
La playa de la Intendencia. Inaugurada en 1983, fue un emprendimiento de avanzada para Córdoba: espacio para mil autos y una plaza en el corazón institucional de la ciudad. Desde hace años, amplios sectores de esa playa están inhabilitados por problemas edilicios y –aunque la ciudad logró cerrar sin costos un juicio millonario de la empresa que la construyó– sigue desaprovechando espacios de estacionamiento que cada día son más necesarios.
Los basurales a cielo abierto. Son un problema estructural y creciente, en más de 100 sectores de la ciudad. Síntomas de deficiencias severas en el esquema de recolección de residuos generan problemas sanitarios y condenan a miles de vecinos a vivir en espacios degradados. El municipio gasta millones en limpiarlos de manera constante. Nunca acertó en una solución de fondo.
La Costanera cerrada en San Vicente. Hace 12 años que la avenida Costanera está cortada a la altura de barrio San Vicente. La rotura ocurrió en la inundación de 2002, durante la gestión de Germán Kammerath, y a lo largo de las cuatro gestiones posteriores, no se pudieron reponer 100 metros de calle que inutilizan un tramo mucho mayor de la estratégica avenida.
El listado es apenas una muestra. Cada sector de la ciudad tiene sus agujeros negros: áreas de abandono donde no llegan las promesas de campaña, donde el marketing político no tiene nada para mostrar y donde hace años no llegan soluciones.
Quedan dos semanas clave, en las que seguramente se definirán los indecisos y también se definirá la suerte de los próximos cuatro años. Tiempo suficiente para comprobar si la ciudad de la que hablan los candidatos incluye a todo el mapa o siguen creciendo los agujeros negros.

