20 años de esquirlas
El terrorismo internacional –azuzado por los fanáticos de turno– hizo mella en la capital nacional por segunda vez aquella fatídica mañana de un lunes después de otra final de otro campeonato mundial de fútbol, pues indudablemente la onda expansiva de la impunidad del atentado a la Embajada de Israel en 1992 fue una macabra invitación a un nuevo y mejorado crimen masivo.
La onda expansiva de una bomba no siempre es sencilla de cuantificar. En ocasiones normales, cuando se trata, por ejemplo, de un derrumbe programado, esa medición ya de por sí implica una cierta dificultad.
¿Qué sucederá entonces si el explosivo al que aludimos es el que fue utilizado hace exactamente 20 años para demoler la vida de 85 personas que estaban dentro (o en la vecindad) de la mutual judía más importante de nuestro país, en pleno barrio de Once, en la porteña Buenos Aires?
Aquí las cosas cambian y adquieren dimensiones inauditas, ya que lo que usualmente es sólo espacial se multiplica en lo temporal en una progresión geométrica.
“La justicia que se demora termina siendo injusticia”, afirma el Talmud con su milenaria sabiduría, y por si fuera poco agrega que “la justicia que se pervierte, también”.
Y a 20 años vista, la dilación y la degradación de la justicia para con el atentado a la Amia es una primera evidencia del tamaño brutal de su onda expansiva que largamente excedió la calle Pasteur y el año 1994.
El terrorismo internacional –azuzado por los fanáticos de turno– hizo mella en la capital nacional por segunda vez aquella fatídica mañana de un lunes después de otra final de otro campeonato mundial de fútbol, pues indudablemente la onda expansiva de la impunidad del atentado a la Embajada de Israel en 1992 fue una macabra invitación a un nuevo y mejorado crimen masivo.
No sólo lo sufriría la Argentina, por cierto, pues ese modelo aberrante –tan bien probado en nuestro suelo– dejaría también su senda de muerte en las calles de Egipto, Indonesia, España, Estados Unidos y tantas otras tierras.
Las esquirlas siguen aquí, a nuestro alrededor.
Y la invitación a alejarse de ellas sigue siendo tan obvia como urgente: una Justicia independiente y eficaz, el diálogo constructivo y cercano, la moderación en lo religioso y la fraternidad, mucha fraternidad.
*Asamblea Rabínica Latinoamericana.

