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15 días para Cristina

El Gobierno “se tomó el día” después. El problema no es la gobernabilidad, sino la continuidad, dicen.

29 de octubre de 2013 a las 12:01 a. m.
15 días para Cristina
El día después. Las calles de Buenos Aires amanecieron tapizadas con afiches alusivos al triunfo de Massa (DyN).

La mano derecha de la Presidenta tiene su mano derecha en un cabestrillo posoperatorio: con el celular en la mano izquierda, el secretario de Legal y Técnica, Carlos 
Zannini, habla y se pasea, risueño, por el Patio de las Palmeras al que da su oficina.

Recién pasadas las 18 llega el secretario general, Oscar Parrilli, mientras enfrente, en su despacho presidencial en ejercicio, el vice, Amado Boudou, recibe en audiencia privada a funcionarios de Arabia Saudita que antes estuvieron con el canciller Héctor Timerman.

Por la mañana, el jefe de Gabinete, Juan Abal Medina, recibió al gobernador santiagueño, Gerardo Zamora: una suerte de desagravio político ante la cautelar de la Corte que le impidió al radical K ir el domingo por un tercer mandato. Sobre el atardecer, una “reunión muy importante”, dice sin más una fuente cercana a Zanini, tiene lugar fuera de la sede gubernamental.

Entre el silencio y la soledad de los pasillos de la Casa Rosada, que la ausencia de Cristina Fernández (un funcionario de la Secretaría General arriesgó ante este diario que se reincorporará dentro de 15 días, aunque no pudo confirmar si en su plenitud física) acentúa aún más, transcurrió ayer el día siguiente a las elecciones.

De más está decir que no hubo agenda oficial, a diferencia de cada uno de los días que a cargo del Ejecutivo lleva Boudou, quien hoy retomará la actividad a las 18, con un acuerdo con Cáritas para la construcción de viviendas, en el Salón de las Mujeres de la Rosada.

La procesión, sin embargo, marchó por dentro. La evaluación de los resultados que se hace tras bastidores es, a su juicio, más que positiva: se trataba de garantizar la gobernabilidad hasta 2015, y esa garantía se alcanzó con las mayorías, aun ajustadas, en Diputados y el Senado.

¿No puede acaso ponerse en riesgo esa gobernabilidad a partir de un corrimiento consecuencia del triunfo de Sergio Massa?, se le pregunta a un funcionario jerárquico de la Secretaria General. “Paliza”, corrige el funcionario, para referirse a la victoria del tigrense, antes de asegurar que ese peligro no existe. Fundamenta su seguridad después de haber hablado ayer con los gobernadores oficialistas de Chacho, Entre Ríos, Misiones, Formosa y Santiago del Estero.

“Ninguno está dispuesto a pasarse al lado de Massa. Los alineamientos hoy en el PJ están determinados por la adhesión o no a este modelo. Los gobernadores no están dispuestos a hacer ajustes en sus provincias, porque en ello les va también su posición de poder”, aseguró la fuente.

Daniel Scioli pareció sumarse a este análisis: ayer el bonaerense dijo que es una “subestimación de las políticas del Gobierno” decir que la elección del domingo marcó el fin del kirchnerismo.

El plan antifuga hacia el massismo, sea de legisladores como de intendentes, tiene otra pata cuya clave la dio Carlos Kunkel, aun antes de conocidos los números del domingo: “Vamos a consolidar el PJ, a cambiarlo, adaptándolo a los nuevos tiempos que la sociedad refleja, a partir de restablecer las representaciones de base y regionales obreras”, dijo el diputado ultrakirchnerista.

Todo, se descuenta, con cambios en temas sensibles para la ciudadanía (dólar, inflación, inseguridad), sin cambiar “el modelo”, cuyos alcances y ejecutores los determinará la Presidenta cuando se reintegre.

Garantizada así la gobernabilidad, la gran incógnita, sin re-re para Cristina, es quién será el continuador del modelo en 2015.

“Hoy por hoy, no hay nadie”, dice la fuente cercana a Parrilli. Ante esa eventual orfandad, aun a contragusto del kirchnerismo puro, está Scioli. “Con su triunfo, Massa le robó la representación del espacio de centro derecha. Scioli tendrá que correrse hacia el centro. Si no hay otra, sería la salida pactada”.