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“Iluminar es el toque final, como vestir un lugar”

Encendidos. Sebastián pertenece a la tercera generación de una familia cuyo apellido es sinónimo de electricidad e iluminación. Es el gerente comercial de la firma, y confiesa que no entra a lugares en los cuales la luz no lo inspire. Cuenta que tuvo que aprender a utilizar la nube y que prefiere las pick-ups a los autos.

12 de mayo de 2014 a las 12:20 a. m.
Eduardo Aguirre (Especial)
“Iluminar es el toque final, como vestir un lugar”

Sebastián nos recibe en su oficina, y mientras nos acomodamos nos resume la historia de la firma familiar: “La empresa la fundó mi abuelo, que era instalador eléctrico, y mi papá Sergio lo acompañaba desde chiquito. Cuando ya estaba en la secundaria, mi papá abría el negocio, dejaba todo funcionando y recién se iba al colegio; al salir, volvía a atender. Hoy, tomamos las decisiones junto a una de mis hermanas y otro de los gerentes, y si bien mi papá quiere quedarse a un costado, todavía es una figura fuerte”.

–Vocación familiar...

–Sí. Mi papá me dio total libertad; al terminar la secundaria, yo estaba decidido a ser veterinario, y me iba a ir a Río Cuarto a estudiar, pero él me pidió conocer la empresa ese verano antes de empezar la carrera. Vine, y me encantó, así que conservé los animales que tenía por un tiempo y después me quedé sólo con los perros. Igual, como veterinario no hubiera sido tan feliz como haciendo lo que hago.

–¿Tenés casa propia?

–Sí, la compramos entregando un departamento. De la finalización y ambientación se encargó un estudio de arquitectura con algunos toques míos, como un hogar a leña que le hice poner porque quería tener uno; también agrandé la cocina, porque me gusta cocinar. Internamente es minimalista, y predomina el color beige. Como me gusta la música y los instrumentos, quiero que en cada ambiente haya uno, para tener un pequeño “Rock & Fellers” en casa (risas).

–¿Tu lugar favorito?

–La habitación y la cocina. Tengo TV en mi habitación y en el living, pero hay días que paso más tiempo cocinando.

–¿Iluminación?

–Sólo cambié las lámparas que pasan más horas encendidas por artefactos LED; pondría domótica si fuese una casa más grande, para poder prender y apagar las luces remotamente y automatizar sistemas como el de riego, o generar escenarios con un solo botón.

–¿Recomendás esos sistemas a los clientes?

–Sin dudas, en casas grandes no es lógico tener que ir punto por punto apagando luces o corroborando si están encendidos determinados circuitos antes de ir a dormir.

–¿Despega la domótica en Córdoba?

–En las grandes obras sí, indefectiblemente salen con BMS (sistema de gestión del edificio, por sus siglas en inglés), un hospital, un shopping, un supermercado la incluye sí o sí, y ya hay edificios de categoría que la incorporan. A nivel residencial ha crecido muy poco, de hecho varias marcas de llaves eléctricas trajeron sus sistemas domóticos, y con el tiempo los dejaron de lado. Por un lado, en Córdoba pasa por un tema económico y, por otro, es un producto que la gente no viene a comprar, que no tenía pensado, sino que hay que ofrecerlo, y no se trata de cosas baratas: son costos importantes, pero que para determinados casos son altamente recomendables.

–Al diseñar, ¿hoy se atiende más a la iluminación?

–Sí, absolutamente. En lo personal, para mí es clave la iluminación, tanto en una casa como en un restorán; es como el toque final de la vestimenta, es lo que viste el lugar, y tanto la gente como los arquitectos le dan mucha importancia.

–¿Sos “tecno”?

–No soy muy tecnológico: en casa tengo un smart TV que lo usé conectado a Internet el día que lo compré, dije “mirá qué bueno YouTube”, y después me olvidé. Pero sí disfruto de la televisión HD y me manejo con Dropbox, WhatsApp y Facebook, tanto en lo personal como en la empresa. Desde que me robaron la notebook con toda la información, uso más el teléfono (un Galaxy Note 3, que es como una computadora) y la PC de escritorio en la oficina. Ahora, toda la información la tengo en la nube.

–Cambio de tema: ¿a qué edad aprendiste a manejar?

–A los 17, con un Duna; me tuvieron que insistir para que aprendiera, porque no me atraen particularmente los autos. Hoy, tengo una Hilux, porque me gusta ir a pescar y me voy al lago o a Villa Alpina a pescar truchas.

–Te gustó la camioneta...

–Sí, no volvería al auto, es la segunda que tengo, las dos fueron pick-ups. Ahora estoy pensando en cambiarla por una toda carrozada. De hecho, no hay ningún auto que diga “me lo compraría”. En la camioneta me siento con más seguridad, a una altura diferente, me parece que no corro riesgo, sobre todo cuando hago viajes largos; además, es muy confortable.

–¿Te hubiera gustado poder usar el eslogan “menos bichitos de luz todo”?

–Uh, sí, me encantaba, aún me acuerdo de cuando era chico y escuchaba en la radio “Ruperto, qué hora es”. De hecho, los profes en el colegio me decían Ruperto (el bichito de luz de la publicidad), y yo les decía “soy Peusso, no Waitman” (risas).

Sebastián por Sebastián

“Nací en Córdoba hace 38 años, y el primer barrio donde viví fue el Cerro de las Rosas. Ahora estoy cerca, en Argüello. Siempre anduve en la zona norte, y casi no he ido a la sur, salvo cuando hicimos la iluminación de la cancha de Talleres, que fue un placer (risas)... aunque también hicimos la de Belgrano, y la verdad es que sus dirigentes son excelentes”, remarca Sebastián, hincha del “Matador”.