Claudia Ardini: Creía que nunca iba a trabajar con computadoras
Lo antiguo y lo moderno. Al comenzar su carrera, Claudia no se veía trabajando con tecnología. Hoy, como comunicadora y docente, la investiga. Recuerda con cariño las antiguas casas de sus abuelos.
En su anterior rol de directora, Claudia guio la transformación de Escuela de Ciencias de la Información en Facultad de Comunicación en la Universidad Nacional. Nació en nuestra ciudad y creció en la zona suroeste; hoy, continúa en ese sector, viviendo junto a su marido y sus dos hijas, de 15 y 20 años, respectivamente. “La casa familiar que más recuerdo es la de mis abuelos, una casa antigua con pisos de mosaicos de colores, jardín, rosales, zaguán, un pasillo largo en el que uno tomaba carrera para colgarse del árbol. Estaba en Barrio Cupani, calle Santa Cruz. Aún recuerdo el olor a los malvones cuando jugábamos a las escondidas y pisábamos las plantas (risas)”, relata.
–¿Qué casas te gustan?
–Me gusta una mixtura de clásico y moderno. Las casas no son sólo la forma, sino también todo lo que uno puede hacer en ellas. Por ejemplo, no concibo una casa sin patio; en las que me crié, uno podía disfrutar mucho del afuera. Mis abuelos dejaban las sillas en el zaguán, yo dejaba la bicicleta, afuera era el lugar para compartir con los vecinos y mis primos, que vivían todos cerca.
–¿Así es hoy?
–Mi casa actual tiene como lugares privilegiados las galerías, el patio y el comedor, o sea, los lugares donde se convive. En verano, el asador y la galería. En invierno, un comedor grande. Tiene cosas que traigo de la casa de mis abuelos: patio grande, muchas plantas, árboles, lugares amplios con mucha luz. No me gustan los diseños totalmente modernos, las casas cuadradas. Sí las dos aguas, madera, vidrio, cerámicos rústicos. Fue una casa concebida para recibir mucha gente, vienen nuestros amigos y los de nuestras hijas.
–¿Tu lugar en tu casa?
–La galería; si no hace mucho frío, me gusta sentarme ahí a trabajar, lo hago mucho en mi casa. También me gusta sentarme a leer, a escribir con la luz del patio, y a tomar mate, por supuesto. Cuando tengo tiempo libre, me gusta compartirlo en ese espacio, reuniones con amigos o con mi familia, tomar mate con mi esposo.
–¿Te sentís “tecno”?
–Con la tecnología me llevo bastante mejor de lo que hubiese imaginado. Cuando cursaba el primer año de la carrera de comunicación y rendí el examen de informática, que había que aprender DOS, me preparó un amigo que estudiaba ingeniería; lo hice libre y con una nota bastante baja. Cuando le entregué el examen, le dije al profesor que me aprobara porque yo nunca, pero nunca, iba a trabajar con computadoras; una falta de visión absoluta (risas), más teniendo en cuenta que a dos años de ese episodio me compré mi primera computadora, una Macintosh de Apple, y empecé a hacer diseño gráfico. Seguí con esa marca en todas las máquinas que salieron, porque trabajábamos con mi hermano. Apple tiene eso, hasta al más tecnofóbico lo hace amigar con la tecnología. De hecho, me costó muchísimo migrar a Windows, que fue a finales de los 90, cuando dejé el diseño y me concentré en lo académico.
–¿Cómo ves Android?
–Debo utilizar un porcentaje muy bajo de sus posibilidades; uso mucho la notebook, de modo que no necesito usar tanto el celular. Lo que más uso es WhatsApp, Facebook y Gmail. También me sirve mucho para mi trabajo. Dirijo un equipo de investigación sobre transmedia, y además el hecho de relacionarme con jóvenes, tanto dando clases como con mis hijas, me hace amigar con la tecnología. Yo supe lo que era lo transmedia con mi hija y Harry Potter, me interesó toda interacción que había en las distintas redes. No uso tanto Twitter pero mis hijas sí, y también Snapchat.
–Ya no pensás más en dejar la tecnología...
–Después de aquella experiencia en primer año de la facultad, aprendí que no se puede decir “de esto ya no más”, y menos si se trata de tecnología. No la veo desde una perspectiva instrumental, es decir, más de allá de cuanto pueda utilizar, conforma de tal manera la subjetividad de las personas en el presente que me incita a estudiar e indagar qué pasa con las nuevas tecnologías. Creo que es indispensable usarla, apropiarse de la tecnología, y sobre todo pensarla, porque nos supera. También, porque el avance tecnológico puede servir para disminuir inequidades en el mundo.
–¿Cómo escuchás música?
–Escucho todo el tiempo, en el auto, en el equipo de música de casa, sobre todo en fines de semana. Mientras cenamos, elegimos entre todos música de YouTube en el TV. Me gusta mucho comprar CDs de música. Tenemos bibliotecas con libros y otras con CDs.
–¿Papel versus digital?
–Las dos cosas; si tuviera que tener impreso todo lo que leo no alcanzaría ninguna biblioteca ni escritorio. Leo mucho en la PC, pero me encanta comprar libros, soy consumidora de libros, sobre todo si son de ocio, pero de estudio también. Son dos cosas que conviven perfectamente, como el diario en papel y online.
–¿Te gusta manejar?
–Me encanta. Aprendí tardíamente, tenía casi 30 años, y miedo al principio. Ahora, el auto es una extensión de mi vida, un lugar donde me siento cómoda. No me gusta manejar en el centro, trato de evitarlo, pero viajo a Villa María a dar clase y lo hago en el auto, no voy de otra manera. La ruta es un momento de placer, de conversación con uno mismo. Hoy, manejo un Palio Adventure, que es un auto grande con el que me siento muy cómoda.
–¿Y si lo cambiaras?
–Pienso que elegiría un (Toyota) Etios, el que tiene baúl, lo veo como un auto cómodo de manejar.
–Para terminar: ¿autos que recuerdes con cariño?
–Mi marido tenía un Mazda 323, a ese lo recuerdo con cariño. También un auto familiar que tenían mis tíos, una Estanciera. El recuerdo que tengo es que nos subían a todos los hijos y sobrinos los domingos a la mañana para ir al Parque, era un símbolo de alegría para nosotros.

