Vuelve el socialismo, ¿una esperanza?
Uno de los problemas que vuelven de tanto en tanto es la crisis del capitalismo; retorna la pregunta sobre si éste es un sistema invulnerable. Julio César Moreno.
Según una antigua interpretación de la política, el destino de los grandes partidos y movimientos es dividirse primero en dos o tres corrientes y después diluirse en una multiplicidad de facciones que terminan por erosionar liderazgos que se consideraban intangibles. No siempre es así. Hay ejemplos en sentido contrario, como el anglosajón, que coinciden no sólo en la historia sino también en el idioma y las alianzas que han sido indestructibles hasta hoy. En Gran Bretaña y Estados Unidos, hay estabilidad política e institucional y partidos que tienen tradiciones centenarias y hasta bicentenarias, como los laboristas y conservadores ingleses o los republicanos y demócratas norteamericanos.Se trata de un modelo que algunos historiadores han definido como "bipartidismo imperfecto", que admite disidencias, desgajamientos y rupturas, como el nacionalismo irlandés en el Reino Unido o los cientos de grupos antisistema o fuertes minorías revolucionarias, anarquistas, comunistas y socialistas, que sin embargo no llegaron a conmover la hegemonía de los grandes partidos.Después de todo, la Unión Soviética fue la segunda potencia mundial y llegó a estar a muy poca diferencia de Estados Unidos en cuanto a poderío económico, científico y tecnológico, aunque un día se derrumbó de golpe, sin que todavía la historia haya esclarecido las causas de semejante caída.Pero el comunismo no fue un accidente en la historia, y el socialismo tampoco. Claude Lefort, uno de los más importantes ensayistas políticos de Francia, escribió que "el comunismo pertenece hoy al pasado, pero la cuestión comunista ha sobrevivido a su naufragio", simplemente porque los problemas planteados por el surgimiento del comunismo retornan con frecuencia en la historia.Uno de los problemas que vuelven de tanto en tanto es la crisis del capitalismo; retorna la pregunta sobre si éste es un sistema invulnerable o si por el contrario está expuesto a los grandes sacudones y derrumbes.La actual crisis internacional plantea serias dudas al respecto, ya que mientras para algunos se trata de una crisis estructural del capitalismo, sin salida, para otros es una crisis coyuntural que, por grave que sea, tiene posibilidad de revertirse.Mientras exista la Unión Europea y la Eurozona –se alega– es posible la sobrevivencia del capitalismo, pese a los sacrificios a los que serán sometidos los pueblos.El Partido Socialista acaba de ganar las elecciones en Francia y muchos tienen la esperanza de que François Hollande pueda dar un nuevo impulso a Europa.La situación es muy grave, y los desafíos también, sobre todo en lo que se refiere a la falta de un control de los grandes flujos financieros por parte de los estados democráticos.Éste fue uno de los grandes problemas planteados entre fines del siglo XIX y comienzos del siguiente, que dio auge a la prédica y la acción revolucionaria socialista y comunista, que a su vez dieron pie a varias revoluciones fracasadas, salvo una: la Revolución Rusa.El socialismo o socialdemocracia, que parecían condenados al desván de la historia, han vuelto al gobierno de uno de los principales países del mundo –Francia–, y una semana después la socialdemocracia (SPD) obtuvo una gran victoria (el 39 por ciento de los votos, más el 11,4 de sus aliados, los Verdes) en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia, el más industrializado de Alemania. Se confirman así las previsiones de Claude Lefort de que, tras el naufragio o retroceso de los movimientos revolucionarios o reformistas, restan los grandes problemas de nuestro tiempo.

