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La voluntad de decirle adiós al peronismo

La Presidenta cree que sumando a los jóvenes y logrando la adhesión de las capas medias de la sociedad está todo bien. Así puede desplazar a los históricos del justicialismo. Carlos Sacchetto.

26 de junio de 2011 a las 12:01 a. m.
La voluntad de decirle adiós al peronismo

Es indudable que la presidenta Cristina Fernández tiene una fuerte convicción y está dispuesta a apostar todo para demostrarlo en los hechos. Para ella, aunque se sigan utilizando algunos viejos íconos partidarios, el kirchnerismo cristinista es la etapa superior del peronismo. No otra cosa expresan la candidatura de Amado Boudou como vicepresidente, la imposición de Gabriel Mariotto como candidato a vicegobernador bonaerense y la confección a su voluntad de decenas de listas electorales en todo el país que relegan al PJ histórico.La mayoría de los nombres elegidos por la Presidenta en todos los distritos despiertan recelos internos. Les adjudican, con certeza, no tener poder territorial, no representar el sentimiento partidario y vaciarlo ideológicamente.Además, aunque no lo digan en forma explícita, los peronistas que están debajo del paraguas oficial temen que si Cristina triunfa en octubre y, por cualquier razón excepcional, debe en el futuro dejar la presidencia, el gobierno que ellos ayudaron a forjar quedará desvirtuado. Todo cambiado. Boudou, hasta ahora ministro de Economía, es un hombre de origen liberal, ex militante de la Unión de Centro Democrático y ex integrante de un centro de estudios –el Cema– ubicado en los extremos de la derecha económica. Para volver de esas latitudes que fueron siempre lejanas al peronismo histórico, y más aun a la izquierda que expresaba la JP de la década de 1970, a la que en forma permanente reivindica el Gobierno, Boudou, posiblemente a instancias de la Presidenta, se dio una estrategia preparatoria. El joven liberal cultivó un singular vínculo con el jefe de la CGT, Hugo Moyano, al punto que cuando fue prenominado para la candidatura a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el titular de la central obrera lo apoyó. También Boudou supo ganarse el afecto de Hebe de Bonafini, quien llegó a decir de él que es un hijo más y que "sigue con la lucha que encarnaron los desaparecidos". Una desmesura que lastima moralmente a aquella consigna "la sangre derramada no será negociada". Aun así, en las previas a la nominación de candidatos en Capital Federal, nunca Boudou superó el 10 por ciento en la intención de voto.Es muy probable que a esas especulaciones sobre la conveniencia de llevarlo como compañero de fórmula también las haya considerado la Presidenta. Pero prevaleció su férrea voluntad –basada en razones políticas e ideológicas– de construir un nuevo movimiento histórico que trascienda los tiempos y deje atrás los efectos residuales de aquel peronismo de Perón.Es cierto, como dijo Cristina, que el mundo se transformó y los jóvenes traccionan el cambio generacional. Pero anoche varios peronistas históricos recordaban a Perón afirmando que, para que eso suceda, no es necesario tirar todos los días un viejo por la ventana. El gran interrogante ahora es cómo responderá la estructura peronista. Las reacciones. Los estrategas del Gobierno también han evaluado las posibles respuestas. Hace tiempo que la línea que baja la Presidenta a sus operadores es ir apartando a la vieja guardia del peronismo. Eso encierra un riesgo electoral que Cristina no desconoce. Hasta el propio Néstor Kirchner admitió en su momento que la derrota sufrida por él en la provincia de Buenos Aires en 2009 a manos de Francisco de Narváez, fue alimentada por los llamados "barones del conurbano", que se hicieron los distraídos a la hora de apoyar al oficialismo. Conociendo ese antecedente, la Presidenta no obstante siguió adelante, convencida de que la incorporación de jóvenes militantes que se ha producido, y la seducción que supuestamente el "modelo" ejerce en las capas medias de la sociedad serán factores suficientes para compensar la pérdida de votos peronistas. Es toda una apuesta. Quien seguramente tendrá que prepararse para afrontar algunos problemas es el gobernador bonaerense Daniel Scioli quien es, además, presidente del Partido Justicialista nacional. Su rol en las últimas horas volvió a ser un silencioso subordinado. Cualquier argumento vinculado con un reclamo de autonomía federal de gobernadores e intendentes fue arrasado por decisión presidencial. Los planteos internos al titular partidario no se harán esperar.La de anoche en la Residencia de Olivos fue una especie de ceremonia ritual montada con la precisión de los "tiempistas". Había que hacerlo a último momento, para impedir la fuga de los disconformes. Es el mismo concepto utilizado para que la Presidenta anunciara las candidaturas. En esa obsesiva competencia por manejar la agenda mediática, Cristina adelantó su postulación a un nuevo período el martes pasado y desplazó de los titulares principales al escándalo Schoklender, que venía provocándole daños a la imagen oficial. Anoche nominó a su candidato a vice, y el probable descenso de categoría de River –convertido en una minitragedia porteña– pasará a segundo plano en las ediciones dominicales de los diarios.