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Verdadera igualdad

El motivo de estas líneas es reflexionar en torno del posible sorteo para entrar al colegio Manuel Belgrano, de la ciudad de Córdoba. Roxana Vilma Avilés.

12 de abril de 2012 a las 12:01 a. m.
Roxana Vilma Avilés*
Verdadera igualdad

El motivo de estas líneas es reflexionar en torno del posible sorteo para entrar al colegio Manuel Belgrano, de la ciudad de Córdoba. Fue casi unánime el rechazo de esta posibilidad por parte de docentes y alumnos del propio colegio. Y es entendible. Si se realiza una dura preselección y sólo entran los mejores, es obvio que el prestigio del colegio será mayor.Si de entrada están los mejores, es muchísimo más fácil enseñar más y mejor, exigir y pedir más, aspirar a más y dar más; en una palabra, es más fácil ser docente (y lo digo por experiencia y con conocimiento de causa) y también es más simple ser alumno. La democracia exige justicia; entonces, es necesario ponerse de acuerdo y las condiciones deben ser para todos las mismas.

Si aceptamos que algunos colegios (en especial, los públicos) tomen exámenes de ingreso, entonces debemos concluir que para que haya justicia, todos los colegios tienen derecho a preseleccionar a sus alumnos y contar con los mejores. Y el Estado deberá decidir qué hacer con los “descartados”.

Otra posibilidad es que los privados preseleccionen y los públicos acepten a los descartados. O, si el Estado toma en serio la educación, los mejores, a escuelas públicas y gratuitas, y los descartados, que no se esfuerzan, que vayan a los privados.

Las opciones son muchas y cada una contiene algo de verdad y algo de locura. Pero esta coexistencia de formas también es injusta y muy negativa. Todos sabemos que para aprobar el ingreso al Manuel Belgrano (o a cualquier otro colegio) los chicos se deben preparar (y con esto quiero decir, pagar academias o docentes particulares); por lo tanto, no es cierto que “cualquiera” puede ingresar.

Un chico de un barrio marginal no puede ni soñar ingresar al Belgrano, porque sencillamente no puede pagar para que lo preparen para ingresar.Lo mismo corre para mis colegas docentes. Aunque todos nos preparamos de la misma manera para ser docentes, no es lo mismo el prestigio que se siente al decir "enseño en el Belgrano" que decir "enseño en un colegio marginal".Parece que por trabajar en el Belgrano se es mejor. Ojalá siempre tuviéramos un aula con 30 alumnos excelentes, de buenos hábitos, que siempre tengan su libro y que en sus hogares pudieran acceder a Internet. En el resto de los colegios, no es así. En un aula, debemos atender a aquel alumno que sabe muchísimo, que se preocupa y quiere superarse y que está sentado al lado de otro adolescente a quien mandan al colegio-guardería para que no ande en la calle.Hace unos años, una formadora de docentes pronunció una reflexión que jamás olvidaré. Según ella, es muy fácil ser docente de un buen alumno, porque allí sólo se es guía.El desafío es enseñar a quienes no quieren, no tienen apoyo en su casa ni contención, y menos una cultura familiar que los rodee. Por lo tanto, esta profesional proponía al Estado preselección docente, y que los mejores y más capacitados debían educar en los colegios más difíciles. Quiero igualdad de posibilidades. O a todos los colegios se nos permite tomar examen de ingreso, sin que nos obliguen a aceptar recursantes o niños con problemas de conducta, o todos los colegios tenemos ingreso irrestricto, sin exámenes, sin cuestionamientos, sin orden de mérito.

*Docente, licenciada en Ciencias Políticas